Pulp Fiction, 1940 · page 91 of 102
Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 91: what you’re looking at
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La noche estaba bastante obscura. Atn no habia luna y el vehiculo avanzaba a un paso moderado. Cuando los tres prisioneros se hallaron solos en tan estrecho recinto, rodeados de cajas que amenazaban con caerles encima y aplastarles, y sintiendo en sus carnes el dolor de las ligaduras, Nino rezongo: —Manito, la has pringao con no dejarme maniobrar antes de que nos ataran. Quiza me hubiese pegado algtin tiro, pero puede que a estas horas parte de esos tipos estuviesen viajando hacia el infierno o asi. Texas, que nunca perdia la serenidad, y menos en trances tan terribles como aquél, murmur6: —Callate, pedazo de bestia. Nunca seraés mas que una masa de fuerza ciega. Yo tengo siempre recursos para no desesperar hasta que me falte el ultimos aliento... g;¢6mo te han dejado las manos? —Como un ramillete de panochas. S6dlo puedo mover un poco los dedos. —Creo que sera suficiente. Acércate como puedas a mi bota derecha. Mételos, si puedes, entre el borde del cuero y procura sacar una fina hoja de acero que llevo metida entre el forro. Si la sacas, lo demas no tiene importancia. Nino, trabajosamente, dio la vuelta y pudo tocar con la punta de los dedos el borde de la hoja, que, tras improbos esfuerzos logré sacar de tan extrana funda. —jYa es mia, manito! —dijo triunfalmente. —Sujétala todo lo fuerte que puedas con los dedos. Lo demas es cosa mia. Nino obedecid, y Texas, cambiando de postura, alarg6 sus manos hasta la hoja, moviéndolas lentamente con la cuerda rasando el borde de la afiladisima hoja. A costa de algunos cortes poco profundos, pero que le ensangrentaron, consigui6 cortar las ligaduras de sus manos, y ya con éstas libres, lo demas no tuvo dificultad. En cinco minutos habia dejado libres a sus dos companeros y él habia quedado en completa libertad. Nino, gozoso, movid una de las pesadas cajas, y, rabioso, exclamo: —Ahora voy a lanzar una de estas pildoras a través de la parte cConniclooolks C@©