Pulp Fiction, 1940 · page 89 of 102
Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 89: what you’re looking at
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ducho en la materia, se colocoé a tres metros de él, encanonandole. —Pasarle una cuerda a los brazos pero por la espalda. No lo hagais nunca de frente, que puede costaros caro. Tampoco debéis acercaros con el revélver a una distancia que puedan alcanzaros con un pie. Es muy facil desarmar a uno de un puntapié imprevisto. Jim sonri6 con ironia. El bandido debia ser un escarmentado y parecia haber adivinado su propdosito. Alguien le pasé una cuerda por los brazos y tiré. Luego le fueron amarrando concienzudamente. Después, hicieron lo propio con el conductor, dejando a Nino para el ultimo. Les parecia fisicamente el mas peligroso y todos le rodeaban apuntandole con los rifles. Nino, furioso, les miraba de una manera impresionante y lanzaba maldiciones de su pintoresco léxico contra los que le escuchaban. Zenker, oculto en el interior del carruaje, les espiaba ansiosamente. No queria darse a ver hasta que estuviese seguro de que sus enemigos estaban anulados. Cuando se convencid de ello, surgid en el sendero y lentamente se acerco a Texas. Este clavé sus agudos ojos en él con curiosidad, e hizo un terrible esfuerzo de memoria para reconocerle. Zenker, adivinando su pensamiento, sonrid y al cabo de un momento de silencio, pregunt6 con ironia: — No me reconoces, capitan Texas? Ahora el acento de Zenker no era fingido. Hablaba con su voz natural y Jim como un relampago, rugid: —Zenker! jSapo del infierno! ;Debi adivinarlo! —Claro que debiste adivinarlo, pero no eres tan listo como pareces. Ahora estas en mis manos y tenemos que ajustar una cuenta larga y terrible. Mucho te gozaste el dia que ahorcaste a Spack. Mas he de gozar yo cuando por mi propia mano te ahorque a ti y a ese indecente mejicano. Nino al oirse apostrofar, le escupi6 rabiosamente al rostro y de un esfuerzo terrible, se lanz6 rodando sobre él, estando a punto de llegar a sus piernas y troncharselas en el envite. Pero Zenker salt6 oportunamente y el mejicano se vio defraudado en su proposito. Zenker, rabioso, ordeno: —Pegarle veinte palos con la culata de un rifle. cConniclooolks C@©