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Pulp Fiction, 1940 · page 76 of 102

Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 76: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 76: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—Claro, claro. Cuarenta y cinco délares de whisky... —Adquel pringao de tabernero era un ladr6én. Nos estaf6 mas de la mitad. Los disparos habian cesado. Los forajidos estaban convencidos de que era dificil cazarles en sus posiciones y asi economizaban tiros, quiza estudiando la posibilidad de atacarles de manera mas positiva. —Repite lo del sombrero, a ver qué hacen —dijo Nino. Por dos veces asom6 la cobertura, pero nadie se dign6d tomarla como blanco. Habian comprendido que se trataba de una anagaza y esperaban a que de verdad asomase alguna cabeza por algun sitio. La posicién regularmente ventajosa para los sitiados, contuvo a Zenker para intentar un ataque cara a cara. Contra la opinién de Bill, que ciegamente pretendia bajar al desfiladero, opt6 por esperar. Conocida la situacién de la diligencia y de sus defensores, esperaba que llegase la noche para intentar el asalto. Siempre las sombras favorecerian el intent6 y Zenker conocia sobradamente el valor y la punteria de Texas y el mejicano, para no exponer a sus hombres a un fracaso. El incidente del bandido que acababa de ser muerto de manera tan espectacular, calm6 un poco el impetu de Bill, quien reconoci6d que sus enemigos no eran un grano de trigo. El dia transcurrid mondétonamente. De vez en vez vibraba algtn disparo cuando los forajidos creian que los sitiados ejecutaban algtiin movimiento favorable para disparar sobre ellos, pero Texas cuidaba mucho de que nadie se expusiese a recibir dos onzas de plomo. Cuando la tarde empezaba a caer, Jim advirti6: —Me estoy figurando el plan de estos cerdos. — Qué es lo que sospechas, manito? —pregunt6 Mendoza. —Que esperan a que sea completamente de noche para abandonar sus posiciones y atacarnos por los dos flancos. —Bueno, que lo intenten, aqui estaremos nosotros, creo yo. —No, no estaremos —aseguro Texas. — Qué dices, repinto? ¢Acaso vamos a huir como coyotes? —No digas simplezas, Nino —apunt6 Texas—. No estaremos aqui, porqué nos habremos situado en otro lugar desde el que los sorprendidos seran ellos. cConniclooolks C@©