ComicBooks.com Register / Loginit's free!

Pulp Fiction, 1940 · page 75 of 102

Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 75: what you’re looking at

📖 Open the full issue in the page-flip reader →
Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 75: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Nino se quit6 el sombrero, metié en la badana colgando un trozo obscuro de la manta que Texas habia cortado para atar las patas de los caballos y colgando el sombrero de la punta de su largo punal mejicano, dijo: —Ten ahi, manito. Cuando yo te diga, asoma un poco el sombrero por algun sitio desde donde lo puedan ver y bajalo enseguida que no les des tiempo a fijar la punteria sobre él; luego vuelve a asomarlo por otro lado, pero ten cuidado no te claven la mano. Arrastr6 su gruesa humanidad por debajo del tumbado vehiculo y se situ6 de manera que en un momento determinado, pudiese asomar la cabeza por uno de sus costados. Lo que iba a realizar era muy expuesto, pero estaba seguro de que el sombrero llamaria la atencion de los bandidos. Preparo el revélver y murmur6: —Vamos, manito, empiesa ya la funci6n. Texas obedeci6. Asom6 fugazmente el sombrero por la parte alta y lo escondié rapidamente, dejando transcurrir algunos minutos. Luego, repitid la operaci6n mas despacio. Subitamente media docena de detonaciones vibraron casi al unisono y algunos proyectiles atravesaron el sombrero, pero el revolver de Nino ladr6 también y un agudo grito de dolor rasg6 el eco de los disparos. Una silueta humana acuciada por el dolor, se irguid de manera imprudente por detras de un penasco, elevando las manos hacia la cabeza. Nino bravio y temerario, volvid a disparar con rapidez increible y el individuo, alanzado de nuevo, se inclin6é hacia atras perdiendo el equilibrio y cayendo desde el talud al desfiladero, quedando aplastado a menos de tres metros del vehiculo. Un coro de rugidos de ira seguido de proyectiles que se clavaron en el lugar donde segundos antes se hallaba el mejicano, contestaron al audaz reto, pero ya Nino se habia replegado riendo al tiempo que decia: —Bueno, manito, para mi las orejas de ese tipo. Creo yo que he ganado la apuesta. —jBravo, Nino! —Exclam6é Texas con entusiasmo—. Estoy por perdonarte lo de la borrachera a cambio de la hazana. —Bueno, manito, no hables mas de aquello. Tu sabes que yo no estaba borracho. Si apenas lo caté... cConniclooolks C@©