Pulp Fiction, 1940 · page 7 of 102
Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 7: what you’re looking at
A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.
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«Lamentamos hondamente la tragica muerte del senor Spack y testimoniamos a su desgraciada hija nuestro mas sentido pésame». Cuando Nino termin6 la lectura, volvi6 a reir hasta sentir hipo y Jim, terminando de afeitarse, dijo: —Vera es la mujer mas peligrosa y lista que he visto en mi vida. Me apostaria la cabeza a que esta en relacién con Zenker, el cual se habra escondido en algtin rinc6én ignorado y asesorada por él, va a continuar la batalla sordamente. Me es igual. Cuando Stella se encuentre en condiciones de viajar nos trasladaremos a Washington a reclamar su herencia y nos dedicaremos a investigar en la vida de la «desgraciada huérfana». Me temo que ésta esté planeando con el astuto Zenker una cumplida revancha y no me fio ni de mi sombra. El mejicano, que era hombre de _ ideas sencillas, pero perfectamente prdacticas, repuso: —Cucha, maniato, ¢por qué no desmientes esta sarta de embustes o asi? Con que digas que le colgamos simplemente de un arbol por sinvergtenza, creo yo, bastaria. —No puedo hacerlo, Nino. Nuestras pruebas eran pobres y Spack tenia muchos y poderosos amigos. Cuando Vera se calla y prefiere que todo el mundo crea en el accidente, no seré yo quien la desmienta. Confio en que un dia la prensa de cuenta de otro analogo sucedido a su simpatico y Util secretario. —Bueno va; por mi parte lo haria con gusto ahora mismo si pudiera... jEl muy pringao! No se atrevio a dar la cara y dej6 a su amo colgado de las astas de la res. —Sabia que no podia hacer nada y no quiso jugarse la vida estupidamente. Pero no te fies. Dios sabe dénde andara metido a estas horas. —Me alegraria tenerle al alcanse de la mano o asi... Le iba a convertir el pellejo en una regadera, creo yo, por pringao. —Bueno, Acaso no sea demasiado tarde... Jim termin6 de arreglarse y Nino, que se aburria de llevar mas de quince dias inactivo en aquel hotel de la capital, pregunt6: — Donde vas, manito, tan requetechulo? —Voy a ver al gobernador, Nino. Espero que haya recibido noticias de Washington. Escribi a mi amigo el Secretario de Estado, dandole cuenta del éxito de nuestra misi6n y espero instrucciones para el porvenir. cConniclooolks C@©