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Pulp Fiction, 1940 · page 69 of 102

Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 69: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 69: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

uniéndose a Texas y al conductor. El mejicano juraba terriblemente y ya no era Sonora, sino todos los Estados mejicanos los que acudian a sus labios para maldecirles rabiosamente. —jAsi estalle Guadalajara! —gritaba—. jMaldita sea Sonora! ¢Quiénes seran esos pringaos cobardes que no tienen valor para dar la cara? jAsi se hunda Jalisco y Tamaulipas encima de sus podridos caserones! jMalditos gringos repringaos, que voy a haser un emplasto o asi con sus cochinos sesos para envenenar a los coyotes! Los bloques continuaron cayendo durante algun rato. Rodaban al azar, tan pronto de un lugar como de otro, pero algunos habian caido con acierto y dos caballos yacian aplastados y otro con las patas rotas. El cuarto, protegido por sus dos companeros caidos, se debatia en tierra aterrado, pateando para tratar de librarse de los correajes y huir, pero le era materialmente imposible y sus relinchos producian una, horrible tensi6n nerviosa a los cuatro sitiados. Finalmente dejaron de rodar penascales, pero una lluvia de balas cayo sobre la diligencia. La suerte para Texas y sus hombres era que se habian parapetado en el lado contrario y la caja medio tumbada de la diligencia les protegia. Jim, dandose cuenta de que gastaba proyectiles en vano, ordeno: —No disparar mas, por ahora. Es inttil. Esos cochinos no se exponen a recibir un tiro. —jYa lo veo, maldita sea Sonora! —Rugia Nino—. jComo alguno se atreviese a, asomar el hocico, te juro que se lo iba a dejar precioso para un rato, creo yo! Los forajidos, dandose cuenta también de que nada conseguian con disparar desde lo alto, sin luz para precisar los disparos, cejaron en éstos y Unicamente de vez en cuando ladraba un revolver con un aviso siniestro. Cuando reiné una calma aparente; Texas exclam6o: —Vigilen bien el sendero. Podian hacer su aparicién de improviso. — Qué intenta usted? —pregunt6 inquieto el conductor, al observar que abandonaba la proteccié6n del vehiculo e iba a dar la vuelta. —Lo unico que cabe hacer ya. Nos han privado de todo medio para continuar e intentaran sitiarnos o atacar para apoderarse de las cajas. No podemos huir dejandolas abandonadas mi idea es cConniclooolks C@©