ComicBooks.com Register / Loginit's free!

Pulp Fiction, 1940 · page 61 of 102

Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 61: what you’re looking at

📖 Open the full issue in the page-flip reader →
Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 61: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

caminar despacio y con cuidado. El terreno es malo y tendremos que bordear algunas simas peligrosas. —Creo que habra luna, aunque un poco mas tarde. —Pues, jadelante, muchachos!, girar a la derecha y dejar a ese carromato que ruede a su gusto. Ya le alcanzaremos en un lugar delicioso. La cuadrilla se reuni6o y los caballos, en tropel, viraron hacia la derecha, emprendiendo un camino paralelo al de la diligencia, pero formando un enorme circulo. Pronto empezaron a internarse por las asperezas de las cortadas que se abrian caprichosas, formando verdaderos laberintos de sendas naturales, que se cruzaban entre si. El forajido que conducia la cuadrilla se detuvo, diciendo: —Sin luna es expuesto avanzar. Corremos el peligro de caer a un barranco. Zenker fren6 sus nervios, comprendiendo la raz6n aducida por el bandido y prefirid esperar. Amaba la vida y solo se la jugaba en momentos decisivos, pero no estupidamente, sin una necesidad. Durante mas de una hora permanecieron retenidos en una trocha sombria. Cerca se captaba el rumor sordo de un torrente, y el bandido afirm6: —Tenemos que bordearle y el paso es peligroso. Por eso es preferible esperar. Serian las tres de la manana, cuando, muy baja, tras unos picachos, la luna asomaba su faz blanca y mayestatica, alumbrando en azul el paisaje. Ahora se bocetaban los contornos de los taludes y monticulos con mas precisi6n y las sendas mostraban su piso cubierto de helechos. El bandido se puso al frente de la cuadrilla, diciendo: —Adelante. Seguirme y pisar por donde yo pise. Audazmente se adelant6é a sus companeros, eligiendo el terreno. Se adivinaba por la seguridad con que lo hacia, que no una, sino muchas veces, habia cruzado por alli. —Veo que lo conoces bien —coment6 Zenker. —jDigame!... Un hombre como yo, que no conoce lugares como este, esta condenado al fracaso. En los momentos malos, cuando el gobierno o los sheriffs se movilizan contra nuestras actividades, estos sitios son ideales para la huida y para despistar a todo cConniclooolks C@©