ComicBooks.com Register / Loginit's free!

Pulp Fiction, 1940 · page 59 of 102

Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 59: what you’re looking at

📖 Open the full issue in the page-flip reader →
Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 59: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Era hombre para algo mas practico que para aquello y este detalle le sumi6 en un mar de dudas. El rufian que se hallaba junto a él, pregunt6: —,Arrancarnos, patr6n? Este, acometido de una subita inspiracion, dijo: —No. Deja marchar ese carruaje. Espero otro mejor. Y con los nervios proximos a saltar de impaciencia, se apret6 en la zona de sombras esperando algo que no sabia qué era. Transcurri6 media hora de mortal angustia, hasta que por fin, un nuevo vehiculo avanz6, sin luces, por la calle detenerse en el lugar que habia ocupado el otro. Zenker se envar6. Ahora adivinaba la anagaza y la alegria casi le hacia saltar como un muelle. Poco después, vio aparecer al gigante mexicano, cargado con una enorme caja a la espalda, que deposit6 en el interior del vehiculo. Texas, revélver en mano, vigilaba junto a los caballos, y otro individuo, qué no conocid, al lado contrario. Seguro de no equivocarse, Zenker ordeno en voz baja: —Volveros todos a la calleja, montar a caballo y estar preparados para cuando yo me acerque. No tengo caballo, pero montaré en el tuyo. Por fin termino la carga. Texas se retir6 de su observatorio y subi6 a la diligencia, posesionandose del interior. Con él subid James, que se sent6 también entre las cajas, y Nino gated con soltura hasta situarse junto al conductor. En la puerta quedaban el director del Banco y su secretario. —Que la suerte les acompane, Texas —dijo el primero. —FEspero que sea la primera vez que me vuelve la espalda — contesto el capitan—. Hasta la vuelta. ;j Vamos! El conductor fustig6 los caballos y éstos, a paso lento, siguieron toda la calle, perdiéndose por una travesia poco concurrida. Zenker, excitado, corrié al lugar donde se hallaban apostados sus hombres y pregunt6: —,Cuantos no tienen caballo aqui? —Cuatro. —Que monten a la grupa de un companero. No podemos entretenernos ahora. Quiza en el camino los consigamos. Seguir a esa diligencia, pero con sumo cuidado. Tener en cuenta que si cConniclooolks C@©