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Pulp Fiction, 1940 · page 58 of 102

Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 58: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 58: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

ocupacion en «La estepa roja». —,Cuanto tiempo crees que tardarias en estar aqui con ellos? —Pues... si no estan borrachos, un cuarto de hora. Esta muy cerca. —jCorre! Buscales, y si llegas a tiempo con ellos, te prometo anadir cincuenta dolares a lo estipulado. El rufian, sin esperar mas, desapareciOd velozmente, y Zenker quedo en su lugar, acechando ansiosamente la diligencia. A pesar de la distancia, observ6 cémo entre varios cargaban unas pesadas cajas en el interior del vehiculo, mientras los vigilantes, con los rifles empunados, guardaban el carruaje, y Zenker se hallaba poseido del mas apasionado nerviosismo, temiendo que la operacién concluyese antes del regreso de su auxiliar. Ahora sabia a ojos cerrados lo que se estaba realizando, y una luz de codicia ardia en sus ojos. Si la suerte le era propicia, con un poco de astucia y mucho valor podria apropiarse de una cantidad fabulosa en oro, pues no le cabia duda de que lo que contenian las cajas era Oro, y en gran cantidad. Estaba dando fin la carga, cuando una sombra se adelant6 a él. El rufian, jadeante, murmur6: —Patron, en la vuelta de la calleja tengo seis chacales de los mas valientes de todo el Oeste. Les he dicho que habra buena paga, pero debe usted ajustarles. —Traen caballos? —Si... —Diles que esperen alli mis Ordenes. Cuidado con que no sospechen de vosotros. La paga sera mejor para todos que os lo que os tengo prometido. Diselo. —Entonces, ni hablar. Si a mi me parece bien, a ellos también les parecera. Poco después, Zenker, ansiosamente, observ6 cémo los vigilantes subian a la vaca del carruaje y uno se sentaba junto al conductor, el cual, empunando las riendas, hizo arrancar a los caballos. Zenker se envaré dudando. Habia visto la inconfundible silueta de Texas erguido en el vano de la puerta, viendo arrancar el vehiculo, y una terrible duda le embargo. Texas no habia acudido alli para limitarse a ver embarcar el oro. cConniclooolks C@©