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Pulp Fiction, 1940 · page 52 of 102

Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 52: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 52: Pulp Fiction, 1940

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cumplir una importante misién, y como no quiero dejarla a usted sola en el hotel, le be buscado alojamiento en casa de un matrimonio amigo mio, con el que estara usted como en su propia familia. Ella suspir6 respondiendo: —No puedo negarme, Jim. Sé lo que le debo y sé que todo lo hace por mi bienestar. Me resigno. —Hace usted bien. Ya le digo que es cuestiédn de poco, y después, sdlo me ocuparé de su asunto hasta resolverlo. Ahora le ruego que arregle sus ropas, pues a las diez he quedado en que iremos a casa de mis amigos. Stella, desganada, subi6 a su estancia a ocuparse de su modesto equipaje, y Nino, con los ojos brillantes, exclam6: —Manita, jpor la Virgen de Guadalupe!, dime de qué se trata. —De un paseo en diligencia. —,Nada mas? —Nada mas. —Es que tenemos que ir a Nueva York? Ocho dias de diligencia me parecen muchos dias, jrepinto! —Asi tiene que ser. Sera un paseo por donde a nadie se le ocurriria ir en diligencia. —jAh, bien!... gHabra tiros? —Posiblemente. —Entonces me estoy un mes subido en lo alto de la baca, disparando el revélver. ;Cuando salimos, manito? —Ya te lo diré. Quiza pasado manana. Stella volvi6d a advertir que todo lo tenia preparado, y Nino subi6 en busca de su enorme maleta, que para él parecia una pluma en sus manos. Los tres abandonaron el hotel, dirigiéndose, por calles extraviadas, a una casita aislada lejos del centro. Jim estimaba que aquel lugar algo solitario era el mas indicado para ocultar a la joven. Los duenos del piso, un matrimonio ya de cierta edad, acogieron a Stella cordialmente. El habia sido compafiero de armas de Texas durante la guerra y guardaba hacia él un entranable afecto. La joven se sinti6d reconfortada con el recibimiento y Jim, dirigiéndose a su amigo, dijo: cConniclooolks C@©