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Pulp Fiction, 1940 · page 51 of 102

Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 51: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 51: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

determinados amigos suyos de la ciudad Estaba preocupadisimo con Stella y queria dejarla durante su ausencia lo mas segura posible. El hotel era céntrico y bastante concurrido pero no le merecia seguridad, y aunque estaba en la creencia de que sus enemigos nada sabian de él, su innata prevencién le obligaba a no descuidar detalle. A la hora de la cena regres6é al hotel y baj6 al comedor con Stella y Nifio. Este parecia muy satisfecho, y de vez en vez se llevaba la mano al bolsillo y hacia tintinear en él las monedas que guardaba. Texas adivind que algo queria expresar con aquel gesto, y pregunt6, zumbon: — Qué es eso, Nino? ¢Llevas ahi los tres millones de délares por la alfalfa? —jAl diablo la alfalfa y el caballo del senor Troya!... No, no llevo tres millones. Se trata Unicamente de cuarenta y cinco dolares. — Y esa cantidad merece darle el aire que tt le das? —Te diré, manito. Yo habia ganado una apuestesita... creo yo... —jAh, si! Olvidaba que habias apostado a ver quién era mas borracho en todo Méjico... —No es eso, maniato. jMaldita sea Sonora! Ti sabes que yo no soy borracho 0 asi..., pero aposté... y gané... — iY qué? —Nada, manito..., que esta tarde me encontré en una plasa a uno de los pringaos que habia perdido y le reclamé los cuarenta y sinco ddlares sin réditos, creo yo, y el muy pelao se nego a devolverlos, disiendo que yo le queria estafar o asi... Claro es que le obligué a rectificar con la cabesa metida dentro de un pilén lleno de agua que habia en la plasa... Me pag6, ¢c6mo no, repinto?, pero tuve que haserle beberse sien litros 0 asi de ese asqueroso elemento que beben las caballerias. Stella reia divertida, y Nino, muy ufano, sacaba los relucientes ddélares para que nadie dudase de su aserto. Texas, preocupado con sus cosas, cambiéd la conversaci6n, diciendo: —Stella, esta noche tenemos que separarnos. Ella palidecié intensamente, pero Jim se apresur6 a anadir: —FEs cuesti6n de ocho dias, Nino y yo tenemos que marchar a cConniclooolks C@©