Pulp Fiction, 1940 · page 38 of 102
Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 38: what you’re looking at
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—No es mala idea. Me alegro que me lo advierta, para no salir de casa después de anochecido. —Bien. Puesto que estamos de acuerdo, nada mas tengo que anadir. A partir de la fecha indicada, esté prevenido, que yo regresaré con instrucciones concretas. —Lo que hace falta es que la suerte nos acompane. San Antonio se esta poniendo imposible. La redada de esta noche servira como medida saludable para una semana; pasada ésta, todo se habra olvidado y los pistoleros y rufianes volveran a posesionarse del poblado. Es un rico fil6n que no pueden abandonar mansamente. Jim se despidio del director y regres6 al hotel. Ya nada tenia que hacer, y solamente aquella noche, por curiosidad y _ con precauciones, se asomaria a la zona maldita para cerciorarse de que la terrible batida surtiria el efecto apetecido. Zenker le estuvo espiando todo el dia, pero se aburrié al observar que Jim se habia recluido prudentemente. Pero, a pesar de la aparente inactividad de Texas, adivinaba que algo grande traia entre manos. La visita al director del banco debia obedecer a alguna cosa extraordinaria, ya que Jim no tomaba parte en asuntos vulgares, y se devanaba los sesos en preguntarse cual seria el proyecto en que pensaba intervenir. De todas formas, estaba advertido y se pegaria a él como su sombra. Mucho le interesaba suprimir al terrible héroe del Oeste, pero su egoismo le llevaba mas lejos y se proponia antes de iniciar un nuevo ataque contra su enemigo averiguar qué asunto guiaba sus pasos y si merecia la pena intervenir en él. ale ale a) iF x or rAN Seria aproximadamente la una de la noche, cuando un fuerte contingente de batidores compuesto de mas de cincuenta individuos escogidos entre los mas arrojados y corpulentos del cuerpo abandonaron el cuartelillo en seccién de cuatro para no llamar la atencién, y, diseminados por distintas callejas del poblado, coincidieron a una hora exacta, tanto en la entrada y salida de la calle principal, como en las bocas de las callejas que la partian. Asi, antes de que nadie se diese cuenta del intento de copo y pudiera dar el soplo a los indeseables que, confiados en su (a cConniclooolks C@©