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Pulp Fiction, 1940 · page 31 of 102

Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 31: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 31: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Mientras sucedia lo que fuese, trataba de recordar la fisonomia de Wolff, Era indudable que le habia visto en alguna parte, pero no podia recordar d6énde. Pero eran tantos los indeseables con quienes habia contendido en su vida, que resultaba imposible recordarlos a todos, sobre todo cuando carecian de categoria destacable. El flujo y reflujo de los clientes abri6 una brecha en el grupo que medio tapaba a Jim, y por un momento éste quedo descubierto en la linea de tiro de los pistoleros. Wolff se dio cuenta de lo ventajoso del momento, se tensiono, miré a sus companeros intensamente y, a un gesto que hizo con la cabeza, todos a una llevaron la mano a la cadera y desenfundaron con rapidez sus armas, volviéndolas contra Jim para disparar. Un tableteo impresionante sobrecogi6 a los descuidados clientes, que se arrojaron a tierra para salvar sus vidas, al tiempo que un cuadruple rugido de rabia y dolor apagaba el estruendo de las detonaciones. Cuando los clientes quisieron darse cuenta de lo sucedido, sdlo pudieron descubrir, revolcandose en tierra, a Wolff y dos de sus companeros, en tanto que el cuarto, apoyado de costado en el mostrador, pugnaba por sostener entre sus temblones dedos el «Col» que se le escurria de ellos. Sobre el pecho, una roja mancha marcaba el lugar donde habia recibido el impacto, y frente a él, tras de la mesa caida y empunando friamente sus dos mortiferos revédlveres, Texas le contemplaba con dura mirada. —Un «jOh!», de sorpresa y admiracion recorri6 el salon... Bastaba contemplar el cuadro para observar que los caidos habian pretendido disparar a coro sobre Texas, y no se explicaban como éste consiguid adelantarse a ellos, alcanzando a los cuatro antes de que un solo proyectil llegase a él. Jim avanzo sin prisa, con los ojos clavados en los caidos. Wolff ya no se movia, pues el proyectil le habia entrado por la garganta destrozandosela, otro de sus secuaces se debatia en los estertores de la agonia. El que pudo mantenerse en pie mas tiempo termin6 por inclinarse de bruces, desvaneciéndose al caer, y solamente uno de ellos conservaba sus facultades, aunque los sufrimientos le obligaban a gemir y maldecir de manera impresionante. cConniclooolks C@©