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Pulp Fiction, 1940 · page 28 of 102

Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 28: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 28: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Wolff, y éste tuvo que renunciar a aumentar su cuadrilla. Por lugares sombrios y solitarios, despegados para no llamar la atencion, siguieron a Zenker, el cual, nervioso, avanzaba a grandes zancadas, deseando llegar cuanto antes a la posada. Cuando doblaban una esquina de una calleja se detuvo, haciendo senas a los pistoleros para que se ocultaran detras de él. En aquel momento Texas abandonaba la posada, pero no lo hacia solo. Varios comensales habian concluido de cenar al tiempo suyo y salian en su misma direccion. Aquello le salv6 de morir de una andanada de plomo, pues Wolff, rabioso, murmuro: —jQué lastima! Si no hubiese salido entre tanta gente, éste era un lugar ideal para haberle dejado seco, sin que nadie se hubiese enterado. Tuvieron que resignarse a esperar, pues Jim, a quien le protegia la Providencia, alcanzé la calle principal entre cuatro o cinco personas mas que le rodeaban inocentemente, bien ajenas a que estaban escudando su vida. Texas se mezcl6 con la turba que a tales horas recorria la amplia calzada. Las luces de tabernas y garitos rebrillaban taladrando las sombras con los recuadros de luz de sus puertas y ventanas, y los porches de los establecimientos cobijaban un sinntimero de caballos atados a sus postes. Jim examin6 varias pancartas anunciando los garitos, y por fin se decidi6. «La Flor del Desierto» era uno de los muchos antros faciles de visitar por toda clase de elementos sospechosos, y Jim conocia el establecimiento bastante bien. Penetr6 resueltamente. La clientela era ya abigarrada; infinidad de vaqueros que regresaban de la ruta ansiosos de dar salida a los fajos de billetes ganados a costa de tantas privaciones y peligrosos, atestaban el local, y, al olor de sus billetes, multitud de tipos sospechosos, que acudian como moscas a la miel, brujuleaban en torno a ellos, buscando la forma de aligerarles de sus ahorros, bien sustrayéndoselos después de anularles en fuerza de alcohol, bien deslumbrandoles con las mayores ganancias ante la ruleta. El tabernero, al ver entrar a Jim, se estremeci6 violentamente. Conocia a Texas de antiguo, el bravo capitan le habia hecho algunos cConniclooolks C@©