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Pulp Fiction, 1940 · page 12 of 102

Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 12: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: La Emboscada — page 12: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

esta estratagema. «La verdadera diligencia de transporte del oro, seguiria caminos extraviados, faltos de todo trafico y llegaria cuando buenamente fuese posible aqui sin que nadie se diese cuenta de la maniobra hasta que el oro estuviese seguro en las cajas de nuestro Banco. »Pero todo es factible de quiebras. Nadie puede asegurar que cualquier detalle imprevisto quiebre este bonito plan y descubra la maniobra y, para este caso, el senor Snok indica que nadie como usted para custodiar las cajas y hacer que lleguen sanas y salvas hasta aqui. »Le traslado a usted el deseo del Secretario de Estado, al que uno él mio y usted tiene la palabra para decidir. Jim, que le escuchaba con el ceno fruncido, pregunt6: — Qué cantidad se va a trasladar? —Medio millon de dolares. —jCaspita! —exclam6é Texas—. Por ese dinero son capaces de reunirse como una manada de lobos todos los indeseables de la region. —Ese es nuestro temor. Tejas esta infestado de pistoleros. La ruta de los cornilargos es una mina que atrae como el iman. Jamas ha rodado mas dinero en este lado de los Estados Unidos que ahora. Dodge, es Eldorado de los sin ley y van y vienen de alli a San Antonio y a Austin indagando, averiguando quién va y quién viene y con qué ganado o dinero. La mitad de la gente vive del asalto y la otra mitad brujulea para facilitarles informes seguros para sus insanos negocios. Este es el mal principal que de rechazo puede caer sobre nosotros. —Me hago cargo de sus temores, senor gobernador. El dinero es la llave del mundo. América esta podrida en su mayor parte y ya no creo seguro ni el Capitolio. De todas formas, mi deber es trabajar para el bien de la nacién y no regatear mis esfuerzos cuando en su nombre se me solicita, pero quiero advertir que yo no soy infalible a pesar del valor, la sagacidad y la audacia que se me supone. Nadie puede predecir lo que el destino tiene reservado en cada momento. Los indeseables son una plaga; operan en bandadas, se unen unas bandas con otras para golpes de envergadura aunque se odien entre si o luego se maten unos con otros por el reparto del botin y precisamente una empresa que ha de llevarse con sigilo, sin ruido ni cConniclooolks C@©