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Pulp Fiction, 1940 · page 85 of 102

Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 85: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 85: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

tratando de seguir una orientacién hacia el noroeste, por donde suponia que estaba enclavada la choza de Head. Torturado por el hambre y la sed, caminaba ciegamente, siempre siguiendo una misma direcci6n. Si la suerte le ponia en el sendero por donde habia descendido hacia el poblado, estaba seguro de llegar al lugar donde habia dejado enterrado el tesoro. Rabioso, avanzaba arrastrando las piernas vencidas por el cansancio. El caballo le seguia por aquellos pasos dificiles, escurriendo los cascos sobre el esquisto, y las horas transcurrian sin que diese con la senda tan anhelada. Una nueva noche se le eché encima, mas torturadora y angustiosa que la anterior. Habia conseguido saciar su sed en un pequeno manantial que encontr6é al paso, pero el hambre se habia agudizado en él y se sentia mas mordido que nunca por el estOmago. Furioso, cort6 un trozo de cuero del remate de su cinto y se dedic6é a mascarle con ansia. Era una sensaci6n que, sin saber por qué, en lugar de calmarle parecia exasperarle mas, pues el consuelo y el alivio que sus mandibulas sentian al mascar furiosamente no bastaban para llevar la misma sensaci6n al est6mago. Las horas transcurrieron atormentadoras e interminables. En algunos momentos se sentia invadido por la fiebre y sus parpados se cerraban pesadamente, causandole pesadillas siniestras. Se veia perseguido sanudamente por docenas de individuos armados hasta los dientes, que le acosaban de un lado para otro como a un coyote, hasta ir reduciendo su radio de accié6n, dejandole encerrado en un estrecho circulo del que no podia evadirse. La sensacion de panico le obligaba a despabilar la modorra, y, rechinando los dientes de frio y de miedo, trataba de mantenerse despierto, sacudiendo sus brazos con furor para provocar una reacci6n que impidiese que el frio le congelase. De nuevo volvi6 a salir el sol, que fue recibido con un suspiro de alivio. Humanamente no podia soportar una noche mas como aquélla, y tenia que descubrir forzosamente la choza de Head, o sucumbir cuando estaba al borde de acabar su odisea. La choza del barbudo mormon se le antojaba ahora un paraiso sonado. Alli habia quedado lena, harina, café y algunas latas de conserva, y, en cuanto llegase a ella, saciaria su hambre y podria cConniclooolks C@©