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Pulp Fiction, 1940 · page 84 of 102

Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 84: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 84: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Ahora se le presentaba un problema. La tarde iba muriendo, y tendria que buscar refugio durante la noche en algtin lugar no muy lejano. Sin la luz del sol, se sentia incapaz de localizar el lugar por donde habia salido al paso desde el interior de la montana, y no se hallaba dispuesto a seguir la huida sin rescatar el enterrado tesoro. A esto no renunciaria por nada del mundo. Era el unico fruto que iba a sacar de tantos peligros corridos, y no por necesidad material de su producto, aunque lo juzgaba valioso, sino por orgullo de conquistador debia rescatarlo y beneficiarse con él. Sin perder el ritmo de su galope inicial, seguia avanzando paso arriba, registrando los accidentes de los taludes que lo cerraban, en busca de un refugio adecuado donde pasar la noche. Las sombras iban acentuandose rapidamente y llegaria un momento en que solamente el fulgor de las estrellas podia servirle para orientarse. Por fin descubri6 un pequeno corte en el talud de la izquierda, y decidio filtrarse por él. Ignoraba si se trataba de un simple agujero o se abria paso al interior, pero, en cualquier caso, le serviria de refugio por aquella noche, en evitaci6n de que, sospechando que pudiera buscar la huida por el paso, se lanzasen tras sus huellas. La grieta discurria entre penascales, ensanchandose lentamente, y, al parecer, no era un paso muerto, lo que le alegré, pues asi, cuando amaneciese, no tendria que exponerse a volver a la senda, que podia estar vigilada. En una oquedad del terreno se guarecid como mejor pudo. Carecia de manta y de elementos para combatir el frio de la noche, que en aquellas alturas era muy intenso, pero tenia que resignarse a sufrir cualquier inclemencia, que siempre seria mejor que ser cazado. Apenas si pudo conciliar breves momentos el sueno durante la noche. El frio lacerante le hacia tiritar terriblemente, y sufrid horas de verdadera angustia, hasta que, por fin, una difusa claridad que lleg6 hasta la fisura le anunci6 que el dia iba a romper. Abandono su refugio, se entreg6é a un ejercicio violento para recobrar la circulaci6n de la sangre, y cuando, merced a este esfuerzo, se encontr6 mas reconfortado, se decidid a seguir explorando el terreno. La grieta se abri6 para presentarle diversos senderos entre rocas que serpenteaban en todas direcciones, y al azar eligid uno, cConniclooolks C@©