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Pulp Fiction, 1940 · page 83 of 102

Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 83: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 83: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Esto le desesperanzaba. Estaba harto de aquella lucha estéril en la que habia corrido terribles peligros para no conseguir nada practico, y, segtn galopaba por el llano hacia la montana, se preguntaba si no seria mas prudente renunciar a la lucha y retirarse a un rincoén oculto a disfrutar de sus cuantiosos bienes, sin meterse de nuevo en aventuras que podian serle fatales al final. Habia tentado demasiadas veces la suerte, y el corazén le decia que algtin dia, cuando menos lo pensase, podria quebrarse el hilo del que estaba pendiente su vida hacia mas de dos anos. Esto resultaba deprimente para su orgullo y amor propio, pero debia consolarle pensar que a sus rivales tenia que atormentarle el mismo pensamiento por no haber sido capaces de acabar con él. Afinando mucho, se decia que debia consolarse al pensar que él habia sido uno solo a luchar con tres, y, si bien no les habia vencido, tampoco habia permitido que ellos le venciesen. Aquel tltimo golpe que acababa de sufrir estaba enfriando mucho sus animos. Primero, habia perdido el poderoso apoyo del «Ku-Klux-Klan», y ahora, el de «Los Angeles Exterminadores». Quedaba constrenido a sus propias fuerzas, y no ignoraba que éstas, frente a tres hombres excepcionales y en contra de la Ley de una nacion tan fuerte, no servian para alcanzar la victoria. Decididamente, huiria de Utah hacia Wyoming, y por algtn tiempo daria al olvido a Texas y a sus enemigos, incluso a Vera. Sobre ésta se llevaba el consuelo rabioso de estar seguro de que habria de desesperarse al saber que no habia muerto y que su matrimonio con aquel agente estupido y vanidoso que se habia sumado a la partida seria imposible. Mas tarde, quiza cuando menos lo pensase, se le presentaria alguna ocasi6n propicia para vengarse sin tanto aparato y tanta lucha, y, si asi era, juraba por el infierno que no vacilaria en hacerlo. Volviendo constantemente la cabeza hacia atras, alcanz6 las estribaciones de la montana y, aprovechando las_ excelentes condiciones de su_ caballo, se lanz6_ pendiente arriba, desapareciendo rapidamente de la parte llana. Si, como creia, no habia sido descubierto, sus enemigos andarian desorientados calculando el sitio por dénde habia huido, y, cuando quisiesen organizar la caza, él se encontraria ya al otro lado de las Rocosas. cConniclooolks C@©