Pulp Fiction, 1940 · page 68 of 102
Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 68: what you’re looking at
A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.
📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)
Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.
reuni6n con los mas destacados elementos de la secta, para pedir su opini6n y saber que contaba con la obediencia de ellos. Fl gobernador se opuso a dos extremos. Se respetarian los matrimonios celebrados, siempre que las multiples esposas de cada mormon no deseasen romper aquel lazo existente. La que desease anularlo, se respetaria su deseo y nadie podria forzarla a seguir atada al yugo del prolifico esposo, y en cuanto a los presos, serian puestos en libertad los acusados de poligamia, pero no aquellos que, fuera de sus creencias, habian cometido asesinatos, asaltos y robos a mansalva. En cuanto a los «Angeles exterminadores», la secta seria disuelta y se dictaria una ley condenando a muerte a los que tratasen de reorganizarla o se afiliasen nuevamente a ella. Y en cuanto a la reunion, accedia gustoso. Parte de los jerarcas del mormonismo estaban en la misma prisi6n y serian llevados a su celda y Brigham daria los nombres de los restantes para citarlos a la entrevista. Brigham prometio estudiar las propuestas, pero éstas debian ser discutidas en la reuni6n de primates, pues por si solo no aceptaba la responsabilidad de acatarlas si luego los demas no _ estaban conformes con ellas. El gobernador facilit6 las reuniones, a las que acudieron no sélo los que estaban presos, sino algunos que gozaban de libertad y al parecer fueron muy violentas, porque, cosa muy natural, algunos de los jerarcas presos lo estaban por haber cometido actos ajenos a su doctrina y no estaban dispuestos a dar su conformidad, sabiendo que no se verian libres y si condenados por sus delitos. En cambio, los presos politicos y los que gozaban de libertad, se sentian inclinados a aceptar las condiciones impuestas, pues comprendian que el mormonismo resultaba ya impopular y que, de una manera o de otra, les obligarian o someterse a las leyes generales. Se buscé la manera de hacer presién en el gobernador para conseguir que se decretase una amnistia general que comprendiese a los encartados en delitos comunes. Respecto a la disolucién de la secta de «Los Angeles exterminadores», algunos se oponian, considerando que eran una salvaguarda para hacerse respetar, pero Brigham les hizo ver que, cConniclooolks C@©