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Pulp Fiction, 1940 · page 69 of 102

Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 69: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 69: Pulp Fiction, 1940

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

legalmente, para el Gobierno era una organizacion clandestina y fuera de la Ley, y no admitirian su reconocimiento. Debia disolverse oficialmente y, después, cada uno, bajo su responsabilidad y sabiendo que peligraba su cabeza, podia o no resucitarla y reafiliarse a ella, pero jamas podria contar con la proteccion del resto de sus antiguos companeros. Esta cuestion llegé a resolverse aceptando la disolucién. Algunos osados parecian dispuestos a mantenerla después, pero esto ya seria una resoluci6n personal, con la exposici6n consiguiente. Estas entrevistas, las contraproposiciones al gobernador, las negativas de éste a considerar a los asesinos como presos politicos, se prolongaban largamente y todo parecia predecir que no se iba a llegar a un acuerdo definitivo. A Brigham le molestaba verse retenido en su celda por la obstinacién de su gente y trataba de imponerse con energia a ella, obligandoles a aceptar, pero el prestigio del Patriarca habia sufrido una gran merma con su prisi6n y se veia obligado a aceptar las discusiones contra su criterio, cosa que en época anterior no lo hubiese tolerado a nadie. Mientras esto se discutia, Texas y sus amigos se aburrian extraordinariamente sin saber qué hacer. El gobernador habia encargado a varios hombres de confianza que hiciesen gestiones por hoteles, fondas y casas sospechosas, a ver si se localizaba la presencia de Zenker, pero las gestiones policiacas no dieron resultado. El avieso ex secretario, temiendo esta btisqueda, no salia del domicilio del almacenista para nada y se limitaba a recibir los informes de los espias, que no resolvian nada. Texas y Born, habian salido varias veces en el coche del gobernador y le habian acompanado a la prisi6n, pero no se habian decidido a salir solos por el poblado y esto echaba por tierra todos los planes de su enemigo. En cuanto a las conversaciones con Brigham, algo habia trascendido a través de los jerarcas no presos y se sabia que el punto de cheque era precisamente la libertad de les asesinos y salteadores. Zenker avivaba la impaciencia y el odio de los mormones diciendo: cConniclooolks C@©