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Pulp Fiction, 1940 · page 65 of 102

Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 65: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 65: Pulp Fiction, 1940

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

choza, el cual habia reconocido al pollino de Head. Se acercé extranado a Zenker, preguntando: —iQué ha _ sucedido que se han retrasado tanto? Les esperabamos ayer tarde. —Si, pero refinando nuestros planes, hemos acordado que Head salga para el Sur a realizar una gesti6n importante y, al tiempo, para que retire del Banco de Park City un dinero que hara falta para los gastos generales. Me encarg6 que les dijese que me presentasen a Lorey, de acuerdo con lo convenido. —Pues, sigame. El almacén esta al principio de esta calle. El mormon le guio hasta un oscuro almacén en el que se vendian cosas absurdas y antagonicas y le present6 al propietario, un tipo barbudo, de ojos oblicuos y labios salientes, cuya traza no auguraba ningun sentimiento noble. Paul le acogié con deferencia y le hizo pasar al interior, bastante confortable. Ademas del piso bajo, ocupaba la planta superior y el edificio poseia la ventaja de tener una salida a la parte trasera. Alli encontré reunidos a parte de los sectarios que debian secundarle en proyectos, y después de cambiar impresiones con Paul, reunio a todos pidiéndoles los informes recogidos. Seguin uno de ellos, Texas y sus auxiliares se hospedaban en el palacio gubernamental, lo que hacia dificil poder atacarles alli, pero la tarde anterior habian visto a Texas y a Born salir en el coche del gobernador, para ir a la carcel a visitar a Brigham. De éste, se sabia que estaba bien atendido y que, al parecer, las conversaciones con el gobernador no llevaban mal camino. La gente confiaba en que seria puesto en libertad, siempre que, en nombre de sus secuaces, se comprometiese a abolir la poligamia. Zenker se apresur6 a enturbiar sus esperanzas. —No se fien —dijo—, esto es una anagaza. Yo estoy seguro de que prolongaran las conversaciones hasta que todo esté listo para la causa. Luego, se rompera el dialogo, le juzgaran y saldra para alguna carcel lejana. —Seria una indigna traici6n —asegur6 Paul. —Pero la haran. Brigham les ha dado muchos disgustos y temen que una vez libre, se reproduzcan. Todas las veces no sale bien poderle aprisionar; por eso, yo sélo me fio en mi plan. Si cogemos en una celada a ese famoso trio, tendremos un arma para obligarles cConniclooolks C@©