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Pulp Fiction, 1940 · page 64 of 102

Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 64: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 64: Pulp Fiction, 1940

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desarrollarla justificando la ausencia de su companero. Después de pensar varias excusas, se decidid por una. Se presentaria en el almacén que le habia sido indicado como alojamiento y diria al resto de los mormones, que Head habia salido a cumplir una mision hacia el Sur, en la que emplearia varios dias. Durante ellos, nadie se inquietaria por su ausencia y confiaba en poder dar el golpe definitivo contra Texas y sus companeros y luego, desaparecer burlandose de la secta y de su barbudo jefe. Montando en el pollino de Head, tomo la senda que los demas habia seguido, pero cuando se alejaba, le domino una inquietud. No conocia el camino y no estaba seguro de encontrar la salida. Con este contratiempo, no habia contado y tenia que vencerle para no ver frustrados todos sus planes. Tras, muchas fatigas, tras creerse extraviado infinidad de veces y desandar senderos que no conducian a ningtin lado practico, casi al anochecer, al embocar una fisura que se abria entre dos regulares taludes, emitid un grunido de satisfaccién. Habia salido a un camino ancho y recto, siempre encajonado entre altas paredes y habia reconocido en él el Paso que conducia al poblado. Satisfecho, siguid adelante y era bien entrada la noche cuando alcanz6 a distinguir desde el final de la pendiente las luces de la ciudad. Esto le oblig6 a detenerse. Entrar de noche en ella, resultaria sospechoso, ademas de que no tenia sitio conocido donde pernoctar, y buscar a tientas el almacén tampoco era tarea grata. Se ocult6 entre las depresiones del terreno y, envuelto en la manta, dej6 transcurrir las horas de la noche, hasta que, al salir el sol se puso de nuevo en camino. Bajo al llano, y siguiendo las vagas indicaciones del mormon, rode6 la ciudad para entrar por el Sur como Head tenia pensado. Ignoraba a qué se dedicaba el llamado Paul Lorey y qué clase de almacén regentaria, pero tenia que buscarlo discretamente por aquel lugar, seguro de que mas o menos tarde daria con él. La suerte le favoreci6, pues al enfocar una calleja estrecha distingui6 a un individuo que caminaba en sentido contrario a él, el cual, se detuvo de pronto y luego inicié el avance hacia Zenker. Este se envard, pero rapidamente se sinti6d serenar. Aquel individuo era uno de los seis que habian salido el dia anterior de la cConniclooolks C@©