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Pulp Fiction, 1940 · page 59 of 102

Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 59: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo — page 59: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

deshacerse de Zenker, pero su egoismo era superior a sus deseos de muerte y sabia que si se deshacia de él para dar satisfacci6n a su instinto, perderia para siempre aquel precioso botin y esto le enfurecia como a un lobo hambriento. Zenker, en medio del dramatismo de su situaci6n, sonreia sarcastico, adivinando las torturas que sufria su cruel enemigo. Este, sin resignarse, avanz6 amenazador: —No he amenazado en balde, senor Lane. Yo perderé ese tesoro pero usted perdera la vida que vale mas. —Bueno, alguna vez hay que perderla. Pero me iré al infierno gozando del placer de saber que no tardando mucho, se volvera usted loco y se pasara la vida por estos brenales cavando a tontas y a locas para buscar lo que nunca podra encontrar. El mormon se sentia enloquecer antes de tiempo ante la burla de Zenker. Comprendia que éste tenia razO6n en sus apreciaciones y buscaba una formula que le diese la victoria. —Bueno —dijo—, pero ese consuelo para la otra vida es idiota; usted tiene en esta un anhelo que no vera cumplido. También sus enemigos se reiran de usted cuando sepan que ha muerto sin lograr tomar venganza de ellos. Ahora fue Zenker quien rechin6o los dientes con ira. Sdlo con pensar que Texas viviria satisfecho sabiéndole muerto u que Vera se casaria con aquel tipo que le estaba persiguiendo con tanto tes6n, era algo que podia en él mas que todas sus ansias de dinero. Pero no podia descubrir el tesoro al mormon, porque no poseia seguridad alguna de que éste le dejaria marchar libremente expuesto a que le denunciase. La situaci6n era tragica para ambos y ninguno encontraba la manera de salir airoso de aquel bache. Un hosco silencio reind en torno a ellos. Zenker no perdia de vista la mano de Head y éste no apartaba sus ojos de su enemigo. Por fin, el morm6n tuvo una proposici6n que hacer: —Escuche —dijo— creo que puede haber suficiente para los dos. Le propongo repartirlo amigablemente. — Qué garantias voy a poseer de que asi sera? — Qué garantias puedo darle? Le prometo repartir y basta. —Fso no es nada. Usted esta armado yo no. Si le descubro el lugar donde esta oculto, ya no me queda ninguna garantia y usted cConniclooolks C@©