Pulp Fiction, 1940 · page 9 of 103
Aventuras de Jim Texas — page 9: what you’re looking at
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protegida por sus companeros, gano los salientes de las rocas, tomando posiciones que les ponian a cubierto de aquel mortifero fuego y, al tiempo, les permitian disparar con desahogo hacia abajo. Cuando habian tomado posiciones, dos soldados se hicieron cargo de los caballos, retirandoles de la senda, y docena y media de jinetes, con el teniente, Texas, Born y Nino a la cabeza, mantenian a su vez un fuego terrible contra los que les hacian cara, tratando de contenerlos. Pero como peleaban al descubierto y su posici6n era peligrosisima, Texas ordeno: —Vamos para arriba. La cuestidn es taponar la salida. Los hombres que disparan desde los taludes se _ bastaran para mantenerles a raya y obligarles a dar la cara. Se retiraron en orden, y, apenas habian dejado de constituir un peligro inminente, una parte de los mormones, creyendo que se retiraban diezmados, se lanzaron por la senda dispuestos a terminar de aniquilarlos. Su hazana les oblig6 a soportar el fuego cruel y tragico de los soldados encaramados en los penascales, que disparaban a cubierto y con eficacia, y cuando un buen numero de atacantes logr6é rebasar aquel terrible peligro y gané la mitad de la senda, Texas, que parecia haber adivinado aquella reacci6n suicida, grit6: —jAdelante a todo galope! Unos veinte hombres, como una, riada, descendieron por la senda a un trote infernal. Tres cayeron alcanzados por los proyectiles que trataban de cortarles el paso, pero en menos que se tarda en relatarlo los caballos se habian echado sobre el compacto grupo, casi no hizo falta el plomo de los rifles y revélveres para aplastarlos. Los cascos de los caballos bastaron para convertir aquella en una pisoteada y destrozada masa de carne que caia entre las patas de las cabalgaduras y rodaba por la pendiente en medio de un pandemonium de gritos y lamentos. Nino, en vanguardia, armado de dos terribles «Colt» y con el rifle en la silla, al alcance de la mano, disparaba con la rapidez de que tantas pruebas habia dado, y, lleno de entusiasmo, rugia: —jAdelante, manitos, maldito sea el infierno! jBarramos a estos pringaos o asi, que los escorpiones se coman!... Toma tt, pelao indecente... Eso para ti, para que no abras esa boca de cloaca que tienes... Toma tu, chacal venenoso, que hoy me voy a hacer una cConniclooolks C@©