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Pulp Fiction, 1940 · page 10 of 103

Aventuras de Jim Texas — page 10: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas — page 10: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

ensalada de higadillos mormonicos, creo yo, que me van a tener que barrer el est6mago con un escobén para limpiarmelo. Fl terrible mejicano era como un dios de la guerra que empezaba a sembrar el panico y el desconcierto mas que entre todos sus companeros. Moviéndose en la silla como una veleta, agitada por un huracan, parecia poseido de cien ojos para evitar los mortales impactos a él dirigidos, y tan pronto se pegaba al cuello de «Rayo», como se dejaba escurrir al estilo indio sobre un flanco, hurtando su corpachén enorme a la vista de sus enemigos como surgia de improviso en la silla, extendiendo sus poderosos brazos y disparando por partida doble sobre sus mas pr6éximos enemigos, que caian abatidos como arboles tronchados por el huracan. Varios jinetes salieron a su encuentro, dispuestos a dar fin de él. Nino se dio cuenta de la maniobra y, encabritando su caballo, dispar6 sobre los dos mas préximos a derecha e izquierda, lanz6 luego su fiel montura sobre los dos que tenia enfrente, filtrandose sobre ellos, al tiempo que alargaba sus brazos, y los dos jinetes, arrancados de la silla, volaron a varios metros de distancia como plumas, en tanto que, revolviéndose, disparaba sobre otros dos y atropellaba a otro, derribandole con su montura, para patearle después. Al otro lado de la hondonada, el jefe del campamento atrincherado en los barracones hacia disparar desde las ventanas, tratando de mantener a raya a los asaltantes. Algunos soldados, parapetados tras la empalizada donde se reunia el ganado, habian conseguido amontonar algunos sacos de avena y grano, y, haciendo de ellos una s6dlida trinchera, disparaban rabiosos sobre aquella enorme masa, que se debatia en tan estrecho lugar de una manera absurda. En el primer momento habian desesperado de poder contener a tan enorme ntmero de asaltantes, pero cuando se dieron cuenta de que el resto de sus companeros habian regresado inopinadamente, cogiendo entre dos fuegos al enemigo, renacio en ellos la esperanza, y se dispusieron a realizar heroicidades o a caer dignamente defendiendo el campamento. Confiaban en que el resto de la tropa podria abrirse paso para reforzarles y formar un frente Unico, pero se sentian temerosos de que tal cosa no pudiese realizarse al observar que se retiraban de la cConniclooolks C@©