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Pulp Fiction, 1940 · page 8 of 103

Aventuras de Jim Texas — page 8: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas — page 8: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—Cuando usted quiera, teniente. —jAdelante, mis valientes! El pelotén de jinetes se lanz6 senda abajo, y, cuando lleg6 a la mitad, descubrieron en la noche el resplandor ininterrumpido de los fogonazos y multitud de sombras que se movian en la hondonada. Como un alud acabaron de descender y sus rifles empezaron a tronar y a sembrar la muerte alrededor. Los mormones, que no esperaban aquel ataque por la espalda, se vieron cogidos entre dos fuegos, y la desorientaci6n mas espantosa se filtr6d en sus filas. Parte de los atacantes se volvieron para hacer frente a aquel inesperado peligro, mientras los mas avanzados, proximos a los pabellones que formaban el campamento, se esforzaban en tomarlos al asalto, para eliminar a sus heroicos defensores y apropiarse de los canones. Parecia que los mormones, asustados, iban a flojear en la lucha, cuando una voz, ruda, autoritaria e hiriente, que broté6 entre la confusi6n, y que Texas reconocio, sin poder localizar exactamente de dénde procedia, grit6: —jCalma!... No desmoralizarse... Los mas proéximos a la senda que hagan cara al ataque. Sdlo tienen cuarenta hombres enfrente. Hubo un conato de reaccién y los asaltantes formaron dos grupos. Uno, que siguid atacando las construcciones, y otro, que se revolvi6 contra el pequeno peloton. Este, rabioso, se iba a lanzar ciegamente para abrirse paso y llegar a auxiliar a los de los pabellones, pero Texas, asumiendo el mando de la pequena tropa, rugi6: —jQuietos! jQue nadie avance de aqui! jDisparad, disparad cémo diablos! ;Que no pueda salir nadie! Un huracan de plomo brotaba de la estrecha senda, barriendo ésta e imposibilitando a los atacantes para iniciar el ascenso por ella; pero, en cambio, como el sendero era estrecho, los tiros se concentraban sobre aquellos siete metros de terreno, y ya algunos heroicos soldados habian caido, barridos por los _ proyectiles enemigos. Texas dio una orden: —jAtras!... jVeinte hombres que tomen posiciones en las grietas de las paredes y disparen a mansalva! jLos demas, que cierren el paso! jLos caballos sin jinete, a retaguardia! La orden fue obedecida. La mitad del grupo desmonto y, cConniclooolks C@©