Pulp Fiction, 1940 · page 7 of 103
Aventuras de Jim Texas — page 7: what you’re looking at
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El teniente se sentia nervioso. Su deber era _ retroceder inmediatamente sin mas demora, pero el prestigio de Jim como militar y superior en grado a él, y su conocimiento de la tactica, le impedian desoir el consejo. Se mantuvo erguido sobre el caballo, con el oido atento. La noche, clara y serena, parecia haber dormido las montanas, y ningun ruido sospechoso llegaba hasta él. No habian transcurrido diez minutos, cuando la paz letal del canon se rompid, con el estampido de varias detonaciones, que instantes después se multiplicaban hasta formar un continuo y prolongado repiqueteo, como si una olla llena de perdigones al cocer rebotasen sobre las paredes metalicas del recipiente. —Bien, ya empezo la fiesta —coment6 Texas—. Creo que podemos regresar al campamento. El teniente, con galanteria, le ofrecié: / —Suba a mi caballo, capitan. Texas salt6 a la grupa, y el joven, poniéndose al frente de sus hombres, ordeno: —jAdelante, muchachos! ;Vamos a barrer a esos sapos, no dejando ni uno vivo, por traidores! El peloton se puso en marcha al galope, y pocos minutos mas tarde alcanzaba la bifurcaci6n de la senda, a cuyo final el crepitar de la fusileria era ensordecedor. El joven teniente pregunt6, un poco inquieto: —No seran demasiados, capitan? Ahi abajo esta estallando un infierno de tiros. —Si, son muchos, pero no demasiados. Podemos neutralizar el numero con la tactica. Espere un momento. Avanzo al borde de la senda con la mirada elevada al talud, y silb6é. Una cabeza asomo por el reborde. —jPronto, Born! —Ordené Jim—. Busque a Nino y tnanse a nosotros con los caballos. Vamos a tomar parte en el festejo. —jOh, ya era hora! —coment6é el agente—. Estaba que me bailaban los dedos junto al rifle. Desapareci6, y pocos minutos después por la dura senda rebotaban los cascos de sus caballos. Nino y Born se unieron al grupo, y Jim, montando sobre su magnifico «Huracan», orden6: cConniclooolks C@©