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Pulp Fiction, 1940 · page 32 of 103

Aventuras de Jim Texas — page 32: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas — page 32: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

vista la caricia del plomo, que le habia traspasado por dos lugares la ropa y le habia rozado un brazo y una mejilla. Su rostro era una caratula espantosa por la ira que se reflejaba en él. Toda la salvaje fuerza de sus instintos bestiales estaba tan bien retratada en aquellas facciones de granito, que el propio Brigham sintid miedo de verle, y se retrepo hacia atras en su asiento al recibir la primera impresion. Pero, sabiéndose bien respaldado por sus hombres, le mir6 con ojos flageladores, preguntando, rabioso: —Bien, senor Lane. ;Qué tiene usted que decirme? Zenker rechind los dientes como si se tratase de pedruscos triturandose entre si, y rugi6: — Que qué tengo que decirle?... jMaldito sea el infierno! jQué yo crei que contaba usted con hombres para empresas de hombres, y he podido comprobar dolorosamente que sdlo tiene usted a su alrededor sapos de albanal, maldita sea la figura de todos! Brigham, exasperado, rugi6: — Qué tiene usted que decir de mis hombres? Todos han sabido comportarse como tales hasta el presente. Hay muchos que han sido elogiados durante la guerra por valientes, y no tiene usted derecho a insultarles. —Lo habran hecho asi, pero esa raza se acabo con la guerra, por lo que veo. No hay explicaci6n que, luchando cuatro contra uno, se dejasen derrotar de manera tan indigna. —Quién tiene la culpa de ello, sino usted, que asumid su direccién? He tomado ya algunos informes de lo sucedido. ;Dénde estan sus preciosos planes, que han fallado?... gPor qué dispuso usted el ataque de esa manera, contando con eliminar parte de los defensores del campamento, si luego lo hizo usted de forma que le cogiesen por la espalda? ¢Tengo yo la culpa de su ineptitud? —No; pero jmaldito sea d infierno!, todo ha sido una fatalidad. El plan estaba bien dispuesto, los soldados abandonaron el campamento y se alejaron candn abajo, mientras atacabamos al resto. No sé cémo pudieron sospechar o saber que era una trampa, y regresaron cuando no se les esperaba, cayendo sobre nosotros en el momento critico, cuando todo estaba a punto de ganarse. Habiamos peleado fieramente, con los defensores de los pabellones y teniamos las armas al alcance de la mano. cConniclooolks C@©