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Pulp Fiction, 1940 · page 23 of 103

Aventuras de Jim Texas — page 23: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas — page 23: Pulp Fiction, 1940

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

manos a las cinturas para sacar sus armas y clavar docenas de disparos en el cuerpo de Nino, que adivin6é lo que iba a suceder, y se dio por muerto, pensando en su mujer y su hija, a las que ya no volveria a ver mas, pero uno de los sectarios se adelantd, interponiéndose con un gesto, y grit6: —jQuietos! jEl jefe los necesita vivos! Pero, al tiempo, aplicé un feroz culatazo en la cabeza de Nino con el mango de su rifle. El craneo del mejicano vibr6é sordamente, al tiempo que lanzaba un mugido doloroso y después quedaba inmovil, privado de sentido. —Bueno —dijo el mormén—; espero no haberle matado del todo; pero, si no lo hago asi, acaba con todos. No he visto en mi vida una fiera mas enorme. Luego, dio una orden: —Echad un vistazo al canon. Si no se ve amenaza alguna de peligro, sacad los caballos de sus escondites y volved aqui. Montad, entre tanto, a este salvaje en su caballo, y listos para marchar. Tenemos, que llevar esta presa al patriarca, cuando menos, que nos sirva para no sufrir sus iras por la derrota. Poco después, media docena de jinetes aparecian en la entrada del refugio. —Podemos marchar —dijo uno— no se ve ni un alma. —Pues, adelante. El que habia asumido el mando del pequeno grupo monto en uno de los caballos que sus secuaces llevaban de la brida, y, tomando de la suya a «Rayo», abandonaron aquel tragico refugio, para emprender un galope endiablado hacia la altura del Paso del Sur. Nadie se preocupo de los que habian caido en la tragica lucha con el feroz mejicano; sdlo los heridos formaban en la pequena expedicién, restamando la sangre de sus golpes y atandose reciamente panuelos en la cabeza para contener la sangre. Sin incidente alguno consiguieron alcanzar el complicado y abrupto terreno que descendia entre senderos de cabras al lugar donde Brigham tenia instalado su refugio. Cuando empezaron a descender, observaron que reinaba una violenta agitacién entre los riscos. Parte de los fugitivos habian llegado ya al refugio, emboscandose convenientemente ante el temor de haber sido descubiertos y verse atacados, y por todas partes se veian hombres cConniclooolks C@©