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Pulp Fiction, 1940 · page 18 of 103

Aventuras de Jim Texas — page 18: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas — page 18: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

fugitivo elegia una fisura o una grieta conocida para filtrarse y eludir el peligro. Pero como seguia viendo jinetes galopar delante de él, y suponia que Zenker caminaba en vanguardia, siguid sin dar importancia a los desaparecidos, y esto le fue fatal. Habia galopado asi mas de una milla, cuando se dio cuenta de que a su espalda vibraban cascos de caballos, y, al volver la cabeza, descubri6 que llevaba a la zaga un grupo de jinetes que de modo inopinado abrian fuego contra él. Ahora se habia convertido de cazador en cazado, jy, comprendiendo que no podia luchar en la estrecha senda con aquellos terribles sectarios que le achicharrarian a tiros, decidi6é imitarles. Conforme galopaba disparando hacia atras para mantenerlos a raya, examinaba la pared del talud. La primera grieta que descubriese la aprovecharia para filtrarse por ella, y desde alli hacerse fuerte, impidiendo ser cazado. Por fin descubrid lo que anhelaba, y, girando bruscamente, introdujo el caballo por ella, buscando el amparo de los penascales. No tuvo mucho acierto en elegir. Le engano el estrecho paso facil para la defensa, pues no podia ser atacado en masa, pero, en realidad, se trataba de un angosto tubo de unos diez metros de fondo, casi tan ancho en la entrada como al final, aunque en éste se dilataba un poco y giraba levemente en curva. Mala era la ratonera, pero mejor que pelear a pecho descubierto, y, descendiendo del caballo velozmente, le dej6 pegado a la pared del fondo y se adelant6 a vigilar la entrada. Tumbado sobre la dura piedra, con sus dos «Colt» bien cargados, espero un ataque a fondo, pero qued6 desilusionado al observar que nadie pretendia atacarle, deslizandose por aquel agujero negro y sombrio. Esto le produjo cierta rabia y decepcién. Le hubiese alegrado que tratasen de capturarle para mantener un vivo tiroteo y llamar la atencién de sus amigos. Suponia que si era echado de menos mas o menos pronto, le buscarian, y el estampido de las detonaciones atraeria a sus amigos, que se apresurarian a rescatarle. El silencio que de modo inopinado se produjo le alarm6é. No se explicaba que renunciasen a su caza, siendo uno de los tres cConniclooolks C@©