Pulp Fiction, 1940 · page 17 of 103
Aventuras de Jim Texas — page 17: what you’re looking at
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evadir las balas que silbaban a su alrededor y ganar la senda. Pero Nino, que dirigia la operacién final de perseguir a los derrotados angeles exterminadores, le descubrid cuando galopaba ya por la senda, y un rugido de rabia infinita brot6 de su ruda garganta. Exponiéndose a ser destrozado por los que se oponian a su avance, dispar6é por dos veces sobre Zenker, y le hubiese alcanzado con el segundo disparo, de no interponerse en aquel momento otro jinete que se lanz6 sobre sus huellas. La bala dirigida al odioso secretario se clav6 en la espalda del morm6én, y Zenker desapareci6é por lo alto del sendero, burlando la fina punteria del mejicano. Este pugno por abrirse paso entre los que aun luchaban con fiereza, y empuj6 su caballo ciegamente hacia adelante, pero luchaba contra hombres a caballo que formaban un pequeno grupo, y su esfuerzo no pudo realizarse con la rapidez que él ansiaba. Choco contra los caballos, recibi6 de refil6n un tiro en la frente que le escocié como un hierro abrasando, velandole los ojos a causa de la sangre que manaba de la superficial herida, y tuvo que realizar uno de los esfuerzos mas terribles de su vida para deshacerse de media docena de hombres bravos y desesperados que pugnaban por abatirle, hasta que abri6é brecha entre ellos y se lanz6 como un meteoro cuesta arriba. Pero habia perdido un tiempo precioso. Mientras él luchaba contra los que cubrian la retirada, un buen nimero de mormones habian conseguido ganar el candn y alejarse de aquel tragico cementerio, y asi, cuando llegé arriba, pudo comprobar que un buen ntimero de desesperados caballos trotaban por el canén hacia los accidentes de la montana, donde Brigham y sus secuaces debian tener su guarida. Sin medir el peligro ni el nimero de enemigos contra los que se iba a lanzar, sin mas ayuda que su ciega valentia, picd espuelas a su montura, y rabioso, con el «Colt» cargado de nuevo, galopé como un diablo tras los fugitivos, esperanzado de alcanzarlos antes de que lograsen filtrarse por la montana y tomar posiciones que imposibilitasen la persecuci6n. Pero aquellos demonios conocian el terreno tan bien, que, sin saber cOmo, a cada pequena revuelta del camino les veia disminuir, como si se los hubiese tragado la tierra, y comprendia que cada cConniclooolks C@©