Pulp Fiction, 1940 · page 11 of 103
Aventuras de Jim Texas — page 11: what you’re looking at
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senda y que los mormones se lanzaban tras ellos. Pero pronto el jefe se dio cuenta de la tactica y la aprob6é con admiraci6n. Los farallones se inflamaban de luces rojas y amarillentas, indicandoles la_ estrategia de sus_ soldados, preservando sus vidas y atacando con protecci6én, mientras que los que habian iniciado el avance senda arriba volvian a retroceder hacia la hondonada, arrollados por un grupo de jinetes que parecian demonios mas que hombres. Los atacantes, no mal dirigidos, trataban de distraer la atenci6n de los soldados en determinados puntos, en tanto que los mas arrojados concentraban sus esfuerzos sobre un sodlido pabellon, donde se guardaban las armas. Confiaban en poder asaltarle y apropiarse algun canén, para incluso con él batir los pabellones y decidir cuanto antes aquella sangrienta lucha. Fué tal el esfuerzo que reconcentraron en esta idea, que llegé un momento en que consiguieron llegar al edificio y barrer de las ventanas a los defensores, saltando por ellas intrépidamente. Una lucha terrible se entabl6 en el interior. Los revélveres y rifles apenas si servian en aquel maremagnum de hombres entremezclados, y se peleaba al arma blanca, con las manos, cuanto servia para, atacar y defenderse. Era una situaci6n desesperada, que el resto de los soldados no podian evitar, encerrados en sus posiciones, sin poder romper el cerco. Gritos de alocada alegria surgian del pabellén. En tanto que unos contenian a los soldados dentro de él, luchando rabiosamente, otro grupo habia alcanzado el patio posterior, donde se hallaban los pequenos canones, y, rabiosos, los hacian rodar para sacarlos fuera, en tanto que un grupo bien aleccionado buscaba las granadas que les servian de alimento. Nada de esto pasaba desapercibido a los ojos de Texas, que, peleando fiera pero prudentemente, se preocupaba mas que de unirse a los defensores de los pabellones, en distraer fuerzas y aniquilarlas en la mayor proporci6n posible. Pero al darse cuenta del peligro que podia suponer que aquellos rufianes se apoderasen de las piezas y las sacasen al exterior, varid de tactica y dio una orden general: —jAbajo de los farallones! j;A caballo! jFormad un solo frente!... Protegiendo el descenso de los soldados encaramados en los cConniclooolks C@©