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Pulp Fiction, 1940 · page 97 of 103

Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 97: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 97: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

campamento sdlo se hallaba alli preocupada de los indios que merodeaban por la montana y no esperaba ningun ataque de sus propios conciudadanos, lo natural era que se viesen sorprendidos de modo inopinado. Texas se devanaba los sesos preguntandose cémo podria burlar la segura vigilancia que tendrian montada y cémo podria deslizarse senda abajo para advertir a la guarnicién del golpe tragico que se preparaba contra ellos. Se escurriO por una grieta, y escalando unos penascales que se erguian en forma de piramide, consiguiO situarse a una altura de unos ocho metros, desde la que podia distinguir bastante bien una parte del panorama mas bajo que le rodeaba. Tumbado sobre la piedra para no ser descubierto, sus ojos se dilataron con asombro, al descubrir en todos los vanos que formaba el penascal grupos de hombres sentados entre las brenas, con los rifles en las manos, esperando en actitud expectante. De vez en vez, alguno se deslizaba por los estrechos pasillos que se abrian entre las piedras y cruzaban ante los grupos estacionados, sin que nadie se fijase en ellos al parecer. Eran tantos, que, como Texas supuso, no se conocian en su mayor parte. En un vano mas espacioso, descubri6 un conglomerado de caballos trabados y varios individuos cuidando de ellos. Debian ser las monturas de los que habian acudido empleando aquel medio de locomoci6n. Texas sonrid con humorismo. Habia visto bastante de lo que deseaba y ahora los planes bullian en su cerebro a montones. DescendiO6 de su _ observatorio, retrocedi6 cautamente, desandando el camino, y mas tarde se reunia con sus companeros. —Siganme sin armar ruido. Lo mejor es poner a los cascos de los caballos trozos de manta para que no se denuncien. Creo que la cosa va a salir mejor que esperabamos. Y les puso al corriente de todo lo que habia descubierto. —Cual es su idea entonces? —pregunto Born. —Vamos a deslizamos hasta el lugar donde he conseguido llegar y una vez alli, esconderemos los caballos en uno de los muchos recovecos que existen y aisladamente, pero préximos uno a otro, nos iremos deslizando por entre los grupos, hasta cruzar al otro lado, que es donde debe encontrarse la senda. Si alguno tenemos cConniclooolks C@©