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Pulp Fiction, 1940 · page 87 of 103

Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 87: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 87: Pulp Fiction, 1940

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

llamaradas que en el azul de la noche adquirieron mas lucidez, y Texas sintid que los proyectiles silbaban siniestramente cerca de él, pero, al tiempo, Nino y Born, guiandose por las rojizas llamitas, habian disparado y un alarido de muerte vibr6 de modo impresionante. —Bueno va —grit6 Nino con entusiasme —creo yo que le hemos estropeado el lugar del sombrero a algtin pringao de esos..., jmalditos sean sus retratos! ;Adelante, manito! Rapidamente se entablo la batalla. Los costados y la trasera de la diligencia se inflamaron de llamas rojas y azules, y los proyectiles, al clavarse sobre la piedra de los farallones, levantaban fragmentos de roca tan peligrosos como las propias balas, amenazando con herir a los audaces atacantes. Pero solamente el fuego hecho desde la parte trasera podia tener eficacia, porque los que disparaban a través de las ventanillas laterales lo hacian al albur y sin poder enderezar los tiros, a menos que mostrasen medio cuerpo fuera de las ventanillas para fijar la punteria. Dos de los mas osados lo intentaron, cada uno por un costado, pero Nino y Born, que esperaban semejante imprudencia, dispararon con la rapidez habitual en ellos, y antes de que sus enemigos tuvieran tiempo a buscarles con la vista, ya habian recibido cada uno la caricia de un proyectil. La diligencia trotaba de manera infernal. Las mulas, asustadas por el tiroteo, parecian no obedecer a las bridas, y el cochero se veia circunscrito a tratar de mantenerlas en el centro de la senda, pues a veces los farallones, cortados bruscamente, mostraban en los bordes aterradores huecos, por los que, si se deslizaban, irian a parar al fondo de desconocidos abismos. Los ocupantes del carruaje, que ya habian tenido cuando menos tres bajas, trataban por todos los medios de deshacerse de aquellos peligrosos enemigos, que galopando como centellas no perdian el contacto con el vehiculo y presentaban un blanco infernal debido a la violencia de su raudo galope. Los que defendian la parte trasera del carruaje no se atrevian a asomarse para disparar, buscando el objetivo. Texas disparaba poco, pero sus tiros penetraban por el hueco de la ventanilla y era mortal asomarse a ella para _ replicar cConniclooolks C@©