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Pulp Fiction, 1940 · page 86 of 103

Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 86: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 86: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—Mejor; asi nos tropezaremos con menos en el camino. Una hora mas tarde ganaban el alto pico de la montana, e iniciaron la carrera hacia abajo. La diligencia no debia hallarse ya muy lejos, segtin sus calculos. —jAtencioén! —Grit6 Texas—. Debemos estar rozando los cascos de las mulas. Como este camino se revuelve continuamente, tenemos que cuidar no echarnos encima de ellos. —Cual es su plan, Texas? —pregunt6 Born. —No podemos detenerlos porque son muchos, pero si abrir fuego sobre el vehiculo. Si abatimos a unos cuantos, sera facil hacernos con el vehiculo, y si no hay otro remedio, dispararemos sobre el ganado para detenerle. No hablaron mas y continuaron el galope, descendiendo por la violenta pendiente que, muchas millas mas alla, debia conducirles al Canon del Eco, uno de los trozos mas rectos, mas llanos y mas pintorescos del célebre paso de las Rocosas. Un cuarto de hora después, Texas aguz6 el oido. Habia captado entre el rumor del aire encajonado que soplaba de cara, el lejano tintineo de las campanillas. —Les estamos alcanzando —grit6 —Oigo las campanillas. —Y nosotros —afirm6 Born —Ha sido una magnifica carrera. —Veremos qué final nos reserva. Obligaron a los poderosos caballos a esforzarse un poco mas, y cuando doblaban un violento recodo para tomar la recta, descubrieron a la luz de la luna el pesado armatoste que rodaba como una exhalacion. —jAhi es! —advirtid6 Texas—. Péguense a los lados de los farallones y déjenme en el centro. Debemos disparar lo mas separados posible. Poco a poco iban acortando la distancia a pesar de que la diligencia volaba mas que rodaba por la piedra, y cuando se hallaban a tiro, Texas apunt6 por la ventanilla posterior y dispar6o. El ruido de la detonacion vibr6 sordamente, levantando docenas de ecos por las fragosidades de la montana, y las mulas de la diligencia, asustadas por aquella multiplicaci6n falsa del disparo, parecieron encabritarse, obligando al conductor a realizar esfuerzos terribles para dominarlas. Inmediatamente, por el hueco de la ventanilla brotaron tres cConniclooolks C@©