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Pulp Fiction, 1940 · page 76 of 103

Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 76: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 76: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

me ensenes a realizar descubiertas, Nino. El mejicano emiti6 un grunido y se repleg6 hacia atras. Cuando Texas se enfadaba por algo, Nino se sentia mas dolido que si le hubiesen clavado agujas entre las unas. Texas, que le conocia, se arrimo a él y, palmoteandole en el hombro, dijole: —No grunas asi, viejo gorila, que te pones mas feo que eres. Conozco tus sentimientos y te agradezco el interés en evitarme peligros, pero esto es misién mia. Soy mas agil que ti y puedo escurrirme mejor por cualquier agujero. El mejicano se sinti6d complacido por la explicaci6n, y Texas, con el revélver empunado, se dispuso a realizar la peligrosa tarea. Examin6o atentamente los farallones que se erguian a ambos lados del sendero, y, aprovechando las coyunturas para ello, trepd como una cabra por el del lado de la izquierda, hasta alcanzar el remate. Caminando con cautela por aquel peligroso paso, podia distinguir el sendero desde mas larga distancia sin mostrarse al descubierto, y, en caso preciso, permanecer escondido entre las grietas y pedruscos que formaban el remate. Con sumo cuidado para no resbalar y caer, pues el talud ascendia a medida que avanzaba, fue ganando terreno. A sus pies distinguia la dura senda, pero hacia adelante no podia atin divisar nada, porque el camino torcia con brusquedad cien yardas mas alla y las cabalgaduras debian encontrarse al otro lado del recodo. Tras un camino aspero alcanzo la revuelta, y tumbado sobre los penascales eché una mirada hacia adelante. El sendero formaba una especie de glorieta, y en ella se alzaba un tinglado de cabanas de adobe con techos de trabaz6n y un amplio corral adosado a los pobres edificios. Ante la puerta, de uno de ellos se hallaban detenidas seis mulas fuertes, poderosas y bien cuidadas. Dos individuos humildemente trajeados cuidaban de ellas. Texas sonri6 al hacer el descubrimiento. Se trataba de una estaci6n de recambio de ganado para las diligencias que atin rodaban por las Rocosas haciendo el viejo recorrido desde San Joseph de Missouri a Santa Fe. El servicio ya no era tan intenso como cuando solo el material rodante de la «Halliday y Compania» enlazaba el Este con el Oeste. El ferrocarril habia casi dado al traste cConniclooolks C@©