Pulp Fiction, 1940 · page 74 of 103
Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 74: what you’re looking at
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poco olvidados y hazanas heroicas que para los protagonistas apenas si habian poseido mérito alguno al llevarlas a término, y los cuatro relataron a turno graciosas anécdotas de los campamentos, que les hicieron reir al recordarlas, aunque la mayoria de ellas encerraban un dramatismo intenso. Por la noche volvieron a reunirse a la mesa, y los agentes del gobernador le llevaron informes sobre la vida en la ciudad, que el comandante transmiti6 a sus huéspedes. Se habia observado alguna agitacién. Varios individuos sospechosos habian sido detenidos en los alrededores del palacio y se habia dado una nueva batida, capturando a diversos angeles exterminadores a los que se andaba buscando hacia algtin tiempo, y esta actitud enérgica del gobernador parecia que habia infundido una nueva ola de miedo entre los mormones, que se retraian a la espera de que aquella erupci6n gubernamental remitiese un poco. —Me apuesto lo que quieran —asegur6é el gobernador— a que esta noche no se atreve a salir nadie a la calle después de la puesta del sol. Resultaria muy peligroso por las patrullas que van a hacer la ronda. En efecto, aquella noche después de las diez, Salt Lake City parecia una poblacién despoblada. Sdlo circulaba la policia por dobles parejas, y los vecinos que se atrevian a salir a la calle lo hacian sabiéndose bien garantizados por sus antecedentes y personalidad. A las doce, cuando ya se hallaban preparados para partir, se dio una nueva batida por los alrededores del palacio, comprobandose que estaban desiertos. Texas, Born y Nino, a quienes el ex comandante habia dotado de determinados utensilios solicitados por ellos, poseian viveres y menaje para poder pasar algunos dias en la montana sin morirse de hambre, y en cuanto a armas y municiones, iban bien dotados. Se despidieron con efusivos apretones de manos, y, escoltados por media docena de hombres, abandonaron el palacio por una de sus puertas laterales. Diez minutos mas tarde se encontraban en las afueras del poblado, donde un policia les inform6 que el camino estaba libre. La noche, clara pero sin luna, les permitia caminar bastante aprisa sin desviarse del camino, y cuando recorrieron un par de millas hacia el Oeste viraron con brusquedad para trazar un amplio cConniclooolks C@©