Pulp Fiction, 1940 · page 65 of 103
Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 65: what you’re looking at
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la secreta estancia surgian cinco tipos de feroz aspecto armados de revolver. Born, por un movimiento intuitivo, movi6 bruscamente el brazo, tirando del hierro, y las manos tensas de Lorit, al tratar de aprisionarlo, se escurrieron a lo largo, aferrandose a la parte candente. Un rugido inhumano broto de su garganta al sentir la feroz quemadura y solt6 el hierro, al tiempo que Born, rabioso, lo dejaba caer sobre su cuello, en el que marco no s6lo la huella del golpe, sino otra nueva quemadura que enrojecio la piel del herrero como si fuese una herida pr6éxima a reventar en sangre. Lorit, rugiendo de un modo alucinante, se dej6é caer al suelo, retorciéndose entre alaridos de dolor, al tiempo que varias detonaciones atronaban el pasillo y el humo de los disparos ponia un velo azulino que medio borraba las figuras. Texas, al darse cuenta rapida de la trampa que le habian querido tender, dispar6 con la ligereza peculiar en él. Y dos de los mormones cayeron al suelo alcanzados en el pecho, mientras que varios proyectiles le dibujaban y uno le rozaba la mejilla marcando una huella ligera de sangre en ella. Pero ya Born, que habia quedado libre de Lorit, con celeridad pasmosa habia acudido en auxilio de Texas, y, sin tiempo a buscar el revdlver, alcanz6 con el hierro en el rostro a uno de los mormones, que, abrasado, dejo caer el arma y salt6 como un simio, llevandose las manos a la parte chamuscada. Texas aun alcanz6 a un tercero, que vacildé, y pudo disparar, sin punteria para herirle, y el ultimo, al ver perdida la partida, saltd elasticamente tratando de apartar a Born y alcanzar el pasillo, pero el hierro se interpuso en su viaje y sintid la quemadura en la boca al tropezar con él. Como el anterior, el instinto del dolor le oblig6 a soltar el arma cuando Texas le alcanzaba con un disparo que le obligaba a caer a tierra sobre el mont6n que formaban sus companeros. La lucha fue rapida, pero, a pesar de ello, cuando el humo se disip6 un poco y pudieron ocuparse de sus enemigos, observaron con asombro que Lorit, a pesar de sus terribles quemaduras, habia aprovechado los pocos momentos de distraccién de sus enemigos para ganar a rastras el pasillo y huir. —jPor Judas!... —grit6 Texas—. jQue se nos escapa! cConniclooolks C@©