Pulp Fiction, 1940 · page 61 of 103
Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 61: what you’re looking at
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a otro buscando una salida, pero Texas advirti6 brutalmente: —Si le es grato verse con los sesos pegados a una pared, intente algtin truco para escapar. El herrero, tratando de dominarse, bram6o: — Qué diablos quieren ustedes de mi? No sé una palabra de cuanto me estan hablando. —Bueno, ya le avivaremos la memoria. Poseemos métodos especiales para ello. ;D6nde esta en este momento el senor Lane, o como se quiera llamar en este infierno de angeles de alas negras? —No sé de quién me hablan. —Es lamentable que padezca esa clase de amnesia. Born, abajo hay un horno encendido. Haga el favor de meter en él un buen hierro, y, cuando esté al rojo vivo, sibalo, que vamos a avivarle la memoria a este angelito perdido sobre la tierra. Lorit dej6 reflejar en sus crueles ojos el horror que le habia causado la orden, y musit6: —No, no; yo les diré lo que pueda. Lane se marcho furioso esta madrugada porque fracas6 el ataque que habia organizado contra ustedes para suprimirles. —Fs muy valiente Lane. ;Dénde se dirigi6? —No dijo dénde. Estaba que ardia de rabia. Todo fue obra de él. Yo no hice mas que buscar por orden suya unos cuantos mormones que se pusieran a sus 6rdenes. Realmente, yo no supe sus planes hasta que vino a reprocharme que los hombres que le habia buscado no tuvieron suerte en su empresa. —Claro, claro. Usted es un alma pura e inocente que flota en el vacio de un modo ingravido. Lo malo es que alguno de sus secuaces cant6 de plano antes de entregarse a la pesada tarea de estirar canamo con el cuello y le acusé directamente. Como vera, sabemos muchas cosas muy interesantes, y es inttil que trate de pretender desorientarnos. —jEse hombre fue un embustero! —Rugi6 Lorit fuera de si—. Yo solamente les busqué para que hablasen con Lane. —Y por qué le buscé Lane a usted, precisamente, para que le proporcionase esos hombres? —Porque, como soy mormon, y eso no lo niego, sabia que yo conocia a todos los que quedaban en la ciudad. —A todos los granujas que quedaban, querra usted decir. cConniclooolks C@©