Pulp Fiction, 1940 · page 60 of 103
Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 60: what you’re looking at
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revolveres que, aplicados a sus costados, le impedian todo movimiento defensivo. Texas, con acento frio y en voz baja, orden6: —No se mueva, Lorit, o no tendra tiempo a dar un paso mas. Supongo que estara bien informado a su costa de lo peligrosos que somos ciertos individuos que procedemos de California. Lorit se estremeci6. Adivinaba que habia caido en manos nada vulgares, y su cerebro fértil y cruel empez6 a trabajar como una maquina, estudiando las pocas posibilidades que poseia de deshacerse de aquellos terribles enemigos. De momento, gqued6 envarado. Adivinaba que si intentaba cualquier movimiento sospechoso se desharian de él de forma rapida, y no era por la fuerza, sino por la astucia, como podria burlarles. Hoscamente, exclamo: — Qué intentan? No sé quiénes son ustedes, y... —Bueno, ya lo comprobaremos después. Haga el favor de volverse y subir por aquella_ escalera. Hablaremos mas cOmodamente libres de la curiosidad de cualquier transeunte. Lorit protesto: —No puedo dejar el establecimiento abandonado. —No se preocupe; hemos puesto una buena guardia a la puerta. No le robaran nada. Y Texas le empuj6 asperamente hacia el fondo, donde habia descubierto la escalerilla que conducia al piso superior. Lorit obedeci6 sin protestar. Le agradaba mas encontrarse arriba, donde, no muy lejos de su voz, se encontraban encerrados varios hombres que podian ayudarle a deshacerse de aquellos misteriosos enemigos. Sin perder el contacto con él, le obligaron a dirigirse a un pequeno comedor, donde, libres de curiosas miradas, Texas exclamo: —Bueno, amigo Lorit, le acompano en el sentimiento por el fracaso que esta vez han sufrido sus angelitos... El angel del exterminio numero uno debiéd informarle mejor de la clase de tortugas que somos nosotros. No se rompe nuestro caparaz6n con un simple palo. Lorit, furioso, rechinaba los dientes y giraba los ojos de un lado cConniclooolks C@©