Pulp Fiction, 1940 · page 59 of 103
Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 59: what you’re looking at
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transcurrido mas de dos horas. Quiza, temerosos, se hayan refugiado en el palacio del gobernador para pedirle ayuda. —FEse es mi temor. Yo necesito salir de aqui inmediatamente, pues, si yo faltase, todo se habria desconectado, pero usted tiene que localizarme a esos tipos. Le va a usted la vida en ello. Y, furioso, abandono la herreria para salir de Salt Lake City antes de verse expuesto a enfrentarse de modo inopinado con el peligroso trio. Lorit destacé a uno de sus hombres para que reclutase gente que buscase a los tres indeseables de la secta por todos los hoteles y posadas de la ciudad, y él se reserv6 cinco hombres decididos en su morada para cualquier necesidad imprevista y para garantizar su vida si se veia también en peligro. Lorit, astuto y precavido, vivia siempre en perpetua alarma de ser descubierto como uno de los jefes de «Los Angeles Exterminadores», y habia hecho disimular una estancia en el piso superior, donde siempre tenia gente dispuesta para cualquier servicio. A la hora de abrir el establecimiento, a pesar de la fatiga y el malhumor, decidid bajar a cumplir con su obligacién. Se sabia senalado por las autoridades, y no queria dar sensacién anormal alguna, para que no se fijasen en él con mas insistencia. La pregunta de Texas le molest6. Trabajaba de modo automatico y tenia el pensamiento muy lejos de la fragua y el yunque. —No tengo herraduras forjadas —repuso, evasivo—. A la vuelta encontraran otra herreria que les podra servir. Texas, sonriendo, replic6o: —No importa; podemos esperar a que forje alguna. Me gusta observar con la habilidad que trabajan ustedes el hierro. Lorit maldijo la curiosidad del inoportuno cliente y no quiso seguir negandose. Terminaria de forjar la que tenia entre manos y se desharia de aquel curioso. Cuando termin6o la operacién, arrojé la herradura a un cubo de agua, donde el hierro candente penetr6 chirriando, y, dejando el pesado martillo en tierra, se adelantd, diciendo: —Déjenme que vea la pata del caballo. Se adelant6, y Texas y Born se separaron para dejarle pasar entre ambos, pero cuando lo intentaba se vio detenido por dos cConniclooolks C@©