Pulp Fiction, 1940 · page 48 of 103
Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 48: what you’re looking at
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lado, tirando de las piernas de su agresor, el cual, perdiendo el equilibrio, cay6éd a tierra, dejando escapar el cuchillo, pero revolviéndose con presteza al sentirse atenazado por el cuello. Born, aunque delgado, era un hombre musculoso que habia practicado toda clase de deportes y conocia muchos trucos de lucha para vencer a sus enemigos; por ello, aunque el que tan inopinadamente le habia caido en suerte era fuerte y astuto, no se dej6 impresionar por ello. Enlazados como dos fieras, trataban de clavar sus dedos en lugares vitales y rodaban por el estrecho recinto golpeando contra las paredes, contra el lecho o los escasos muebles, que caian, sobre ellos, dificultando sus movimientos, pero no impidiéndolos. En aquel furioso revolverse, Born tuvo oportunidad de captar el rostro de su enemigo, comprobando que era un tipo barbudo, de ojos feroces y relampagueantes y de manos grandes y callosas, que le denunciaban como a hombre acostumbrado a un trabajo rudo y de fuerza. No era joven, pues debia sobrepasar los cincuenta anos, pero poseia una fuerza superior, que muchos hombres de _ treinta hubiesen deseado para si. Born trataba de evitar a toda costa que las garras de aquel ser satanico hiciesen presa en su cuello, pues comprendia que, si lo lograba, podia darse por muerto. Jadeando como fieras, se golpeaban, se mordian, se sacudian sanudamente contra el pavimento y se aplicaban terribles y dolorosas patadas que les obligaban a rugir como toros agénicos, pero ninguno cedia en su empeno, ni se descuidaba un momento en ceder alguna ventaja a su rival. Pero aquella lucha agotadora no podia durar mucho tiempo. Alguno tenia que flojear el primero, y el que asi lo hiciese... Por dos veces el extrano visitante habia tratado de recoger el cuchillo, que en sus volteos por la estancia habia conseguido tener al alcance de la mano, pero el agente, siempre tenso, lo habia evitado, sin que él tampoco hubiese tenido la fortuna de alcanzarlo. Por fin, cuando el intruso realiz6 un arco con el brazo derecho para burlar la guardia de Born y atenazarle por el cuello, el agente consigui6 entrelazar aquel brazo, que era una columna de hierro, y, girando el cuerpo bruscamente, doblé el remo hacia atras en un cConniclooolks C@©