Pulp Fiction, 1940 · page 47 of 103
Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 47: what you’re looking at
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poco frecuentada era de lo mas tranquilo de la ciudad, y los pocos huéspedes que albergaba, o se hallaban recluidos en_ sus habitaciones o no se encontraban en el establecimiento. Por dicha causa, Born gozaba de un silencio que le era muy grato para plasmar sus sentimientos en el papel, y, embebido en lo que escribia, apenas si se daba cuenta donde estaba ni qué le rodeaba. El rasgueo de la pluma sobre las cuartillas era lo unico que se captaba en el vacio de la estancia, y ello era como una musica extrana y grata a los oidos del agente. Pero cuando se hallaba redactando uno de los parrafos mas interesantes de la carta, en el que volcaba su corazon, ratificando su amor a la joven y su decisi6n firme de no regresar a su lado hasta dejar cumplida la misi6én liberadora que se habian impuesto, algo de un modo subconsciente, mas que real, le alarm6, obligandole por una fracci6n de segundo a interrumpir su labor, y dejar la pluma en suspenso. Parecia como si un sexto sentido le hubiese anunciado un peligro inmediato e inexplicable, y, movido por un sentimiento de recelo bien cultivado en su oficio, volvi6 la cabeza hacia atras con rapidez en el momento justo en que un bulto, que en el primer instante no lleg6 a poder definir, saltaba sobre él rabiosamente como un gato enfurecido. Fué un momento infinitesimal en el que Born calculé y pens6 muchas cosas, entre ellas c6mo alguien podia haberse filtrado en la estancia sin darse cuenta de ello; pero, al tiempo que pensaba en esto, su instinto defensivo obré por su cuenta y Born se dejo escurrir de la banqueta al suelo, en lugar de erguirse para detener la agresion. Aquel movimiento salv6 su vida. El emboscado, seguro de no fallar el golpe, habia accionado el brazo con fuerza, creyendo encontrar en el viaje mortal la espalda o el pecho de Born, pero la maniobra de éste destroz6 su plan; el fiero cuchillo que esgrimia, después de hundirse en el vacio, fue a clavarse sobre la mesa, al tiempo que el agresor, perdiendo el equilibrio, caia de bruces también sobre el tablero. Rabioso al verse fracasado, trat6 de incorporarse para buscar a Born de nuevo, pero no tuvo tiempo a hacerlo. El astuto agente, apenas se dejo caer al suelo, hizo un brusco movimiento hacia un cConniclooolks C@©