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Pulp Fiction, 1940 · page 34 of 103

Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 34: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 34: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—Si, pero no quiero. Una vez, me encontré con que se adelantaron a mi y me esperaban en una estacién. Esto fue muy desagradable, por las consecuencias que trajo. Quiero suponer que Zenker esté mas avisado que nunca y cuente con nuestra intervenciOn. Si ha montado alguna vigilancia en la estacién, que siga alimentando la esperanza de que sera el primero en recibirnos. —Bueno va, manito —dijo Nino —Si supiese que él estaba alli esperandonos, yo era el primero en ir. Nos hariamos un gran saludo, creo yO, apenas nos viésemos. —Puede o no puede estar, pero no estara dando la cara. Eso es lo malo. Prefiero bailar al son de mi instrumento, que al suyo. Se quedaron en el poblado durante dos dias, hasta que, al fin, lleg6 el tren ganadero con sus monturas, que llegaron en buen estado, y después de hacerlas pasear durante algtin tiempo para desentumecerlas de la rigidez del largo viaje, decidieron marchar a caballo a la sede de los mormones, penetrando en ella por la parte contraria, o sea por el Este. La ciudad del Lago Salado, desconocida para los tres viajeros, les dej6 encantados. Quiza la leyenda de los mormones y de sus costumbres ex6ticas y su fanatismo habia influido para convertir su reinado en algo tenebroso y de leyenda, pero la _ realidad demostraba, que era una de las poblaciones mas limpias, mas sanas y mas industriosas de todo el Oeste. De calles anchas y cuidadas, sus casas se alineaban en manzanas seguidas, todas con sus tapiales y a las espaldas sus cuidados huertos. Por el borde de la calle corria un ancho arroyo de agua transparente, y de él partia hacia el interior de cada morada un brazo que servia para el riego y los fosos domésticos. Existian muchas industrias y muchas manufacturas, y por todas partes se observaba el afan del trabajé6; en contraste con lo que sucedia en otros poblados de Nevada y California. La ciudad se alzaba en una llanura enorme, al pie de una muralla de mareantes montanas, cuya altura conservaba eternamente la nieve y casi siempre estaba escondida entre masas de nubes. A diecisiete millas de la ciudad se hallaba el Gran Lago Salado, el Mar Muerto americano, una masa de agua tan espesa de sal, que se asegura que todo el que se sumerge en ella flota como un corcho cConniclooolks C@©