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Pulp Fiction, 1940 · page 28 of 103

Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 28: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 28: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

numerosa descendencia. Junto a él, sentado en un tosco taburete, se hallaba un individuo de unos treinta y cinco anos, fuerte como un toro, de mirar duro y frio y de ment6n enérgico. Era un tipo con perfil de ave de rapina, que parecia absorber la blanda silueta del patriarca, aunque éste no era precisamente una mariposa sonadora. Ambos se hallaban discutiendo la situacién y estudiando los medios mas convenientes para resolverla. Oliverio Zenker —pues él era el tipo carnivoro que discutia mano a mano con el jefe de la secta —afirmaba con energia: —Senor, yo le he hecho una promesa y soy capaz de cumplirla. He perdido mucho tiempo hasta poder llegar a su lado y hacerle comprender quién soy y cual es mi poder, y esto ha ido en perjuicio de su causa; pero todo se puede arreglar con una mano dura y con decisi6n y osadia para obrar. «Usted es tan conocido aqui, que no se puede mover de este escondite sin peligro de ser reconocido y encarcelado, pero yo estoy en distintas circunstancias. No me conoce nadie en este sector, y puedo entrar y salir en Salt Lake City sin que nadie se fije en mi, ni sospeche mi intervencién en este asunto. De esta manera puedo averiguar muchas cosas importantes, saber lo que se prepara, estar al tanto de las medidas y estudiar los posibles golpes a administrar. «No me negara que, merced a mi iniciativa, tenemos en nuestro poder unos cuantos rehenes que han parado un golpe serio contra usted. Sin ellos, sin el temor a que puedan desaparecer, seguramente ya habrian intentado una batida contra las montanas para apresarle y deshacer la secta, pero esto no basta. Tenemos que sembrar tal terror, que se acobarden y sean ellos los que busquen una férmula de transaccién, que sdlo puede consistir en que respeten su religidn y sus costumbres, y no se metan en una cosa que esta instituida hace tiempo y con la que todos ustedes estan de acuerdo. Young, que le escuchaba acariciandose la barba con dulzura, exclamo: —Bien, senor Lane; reconozco que me ha prestado usted algunos servicios inestimables y que su energia es capaz de prestarme otros analogos; pero hay algo que quisiera saber antes de confiarle plenamente el mando de mis hombres en representaci6n mia. cConniclooolks C@©