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Pulp Fiction, 1940 · page 27 of 103

Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 27: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 27: Pulp Fiction, 1940

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haber suplantado a los indios en estas delicadas tareas de rapina; y por si los salteadores de oficio no habian sido bastantes para ejecutar aquella preciosa labor, los mormones habian echado una mano a tal tarea, supliéndoles en muchas ocasiones. Cada vez que el belicoso Young Brigham se sentia inquieto y trataba de crear conflictos al Gobierno de la Nacion, si las cosas se ponian feas para él y sus mas destacados satélites, apelaba al socotrrido truco de refugiarse en la Big Mountain, donde sus adeptos le habian procurado un refugio tan bien escondido que era dificil dar con él. Asi, cuando en 1873 se rebel6 contra las disposiciones del Estado aboliendo la poligamia, y vio que carecia de fuerzas para oponerse por la tremenda, abandon6o calladamente su trono y fue a esconderse a las montafnas, pero no con la idea de hacer vida de ermitano y resignarse a acatar las 6érdenes superiores, sino con la idea de dar la batalla solapadamente, como cualquier cuadrilla numerosa de bandidos. Para ello contaba con algunos miles de fanaticos, entre ellos una escogida partida de rufianes llamados pomposamente «Los Angeles Exterminadores», los cuales; segtin los mormones, son los santos del Ultimo Dia, escogidos por su exotica iglesia para eliminar del mundo a los ciudadanos que, ademas de no creer en su arbitraria religi6n, podian causarles alguna molestia. La santidad de estos elementos era tan discutible, que no admitia discusidn. Rapaces, sanguinarios, faltos de escripulos y moral y de un temperamento salvaje, servian a maravilla los intereses del patriarca de su religién, y a la mas leve orden acudian, como lobos al botin, alli donde eran mandados para ejecutar las mas atroces barbaridades sin remordimiento de ninguna especie. Una manana de principios de otono, en uno de los lugares mas intrincados de la Big, en una espaciosa cueva a la que se habia dotado de todas las posibles comodidades, se hallaba el patriarca de los mormones acariciandose sus largas barbas con desmayo y muy preocupado, porque, ademas de haber perdido su trono y verse reclamado por las autoridades para sufrir prisiodn, no habia podido llevarse con él mas que media docena de sus mas favorecidas esposas, habiéndose visto obligado a abandonar el resto hasta las sesenta, y, con ellas, un verdadero ejército de crios que formaban su cConniclooolks C@©