Pulp Fiction, 1940 · page 23 of 103
Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 23: what you’re looking at
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dar fin de él eres tu. Muchas cosas tendra la gente que vengar en él, pero ti tienes que cobrarte el rapto de tu mujer. El fue quien estuvo a punto de haceros los dos seres mas desgraciados del mundo. —Esta bien; tendré que librar antes una ruda batalla con Stella para convencerla, pero lo haré. Me alegraria tener a mi lado a Born. —Manana llegara, Jim. Le he hablado del asunto, y esta loco de alegria por poder intervenir en él. De no aceptar tu, se sentia capaz de emprender él solo la lucha. —Me alegro. Es un auxiliar muy valioso. Con Nino y él, espero resolver muchos obstaculos. La labor de dar a Stella la noticia de la préxima marcha de su marido fue un trago que, a pesar de buscarle mil revueltas para suavizarlo, no sirvié de nada. La joven, apenas vio llegar a Snock, adivind la verdad de su impensado viaje, y asi, cuando Texas empez6 a insinuar algo durante la comida, Stella, palideciendo, exclamo: —Texas, por lo que mas quieras, no pienses en volver de nuevo a las andadas. Ahora no es mi egoismo personal el que me dicta suplicartelo; es en nombre de nuestro hijo en el que te tengo que pedir que no corras nuevos peligros. Nadie amenaza nuestra paz y felicidad, y es tonto ir a buscar lo que no tenemos. Texas, que se reservaba el argumento mas solido para convencerla, dijo: —Querida, tienes raz6n, pero olvidas algo que te obligara a aceptar esto como irremediable. Yo he luchado fieramente por nuestra felicidad comutn y he conseguido hacer la mia y la tuya, la de Daphne y la de Nino, pero hay alguien que, sumamente agobiada por la pena, sufre en silencio y no puede ser feliz mientras ese monstruo aliente. Su sombra flota sobre ella, impidiendo la felicidad que, como tu y como yo, tiene ahora al alcance de su mano, y, si hemos de ser dignos unos de otros, a mi me toca completar la obra y realizar por ella lo que se merece y lo que sé que tu anhelas vivamente. Stella se mordi6 los labios y, bajando la cabeza, murmuré: —Bien, tienes raz6n... No debemos ser tan egoistas que sdlo pensemos en nosotros porque tenemos lo mejor y tememos perderlo. Hay que sacrificarse por los demas y repartir lo malo y lo bueno. Tu ganas esta vez, Jim. cConniclooolks C@©