Pulp Fiction, 1940 · page 17 of 103
Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 17: what you’re looking at
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—Bueno, Nino, tenemos que ir pensando en cOmo vamos a llamar a ese elefante que va a heredar tu temperamento salvaje. He discutido el caso con Jim, y éste opina que, puesto que al nuestro le hemos puesto Abraham, en memoria de Lincoln, al tuyo le debemos llamar Jorge en memoria de Washington. Los dos han sido los hombres mas grandes de nuestra patria. Nino se llev6 las manos a la cabeza con cémica consternacion, exclamando: —jNo, manita Stella, por la Virgen de Guadalupe! Eso, no. Ni Jorge, ni Abraham, ni nada por el estilo, jmaldita sea Guadalajara! Mi abuelo se llamo Nino y mi padre Nino y yo Nino, y toda nuestra repajolera descendencia se llamara asi. —Pero Jorge es un nombre muy bonito y célebre. —jRepinto! ;Y Nino no lo es? A mi abuelo le ahorcaron por hacerse demasiado célebre cuando luchaba contra el virrey; a mi padre le fusilaron por célebre durante la guerra de la independencia, y a mi..., bueno va, a mi no me fusilaron porque consegui pasar la frontera, pero también era célebre en Sonora... —Y jqué quieres? ¢Que tu hijo se llame Nino, siga la tradici6n, se haga célebre a tu manera y le cuelguen un dia por pistolero? —FEso no, jqué va!, jmaldita sea Jalisco! Mi hijo podra ser pistolero, pero colgarle..., primero tendrian que colgar a su padre, y eso no es tan facil, creo yo. —Bueno, bueno; si te va a costar un disgusto, dejémoslo asi. Se llamara Nino como su padre, y le colgaran un dia como al célebre de su bisabuelo... Pero las ilusiones de Nino se vieron fallidas dias mas tarde, cuando la rama de los Nino quedo rota al dar a luz Daphne una preciosa nina, gorda como su padre, con el pelo negro y ensortijado como su padre, pero con los ojos verdes y expresivos como su madre. Nino puso el grito en el cielo al sentirse defraudado. No concebia que el sexo se hubiese cambiado, y se rascaba la espesa pelambrera preguntandose cémo diablos la iba a llamar y qué ibaa hacer con ella cuando fuese mayor. Stella, muy divertida al observar su cdmica indignaci6n, le decia: —Bueno, Nino: y ahora, gqué?... gQué opinas que debemos cConniclooolks C@©