Pulp Fiction, 1940 · page 16 of 103
Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 16: what you’re looking at
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aproximarnos a Vera y a mi se ha conseguido; pero de ahi no se puede pasar de momento. No es elegante que yo continte en el rancho a su lado con semejante impedimenta. Lo digno es que me ausente y trabaje en favor de nuestra causa. Yo no debo, en buena ley, echar lena a una caldera que esta al rojo y pudiera explotar. Espero que me comprenda. —Perfectamente, Born. Lo dificil esta logrado. Vuélvase a Washington, que si algo surgiese yo me apresuraria a reclamarle. éQué dice Vera? —Esta de acuerdo conmigo. Lo hemos discutido serenamente, y me ha agradecido la iniciativa. Esto no enfriara el afecto que nos une para siempre. —Perfectamente. Lamento su ausencia, pues me _ he acostumbrado tanto a tenerle a mi lado, que sé que le voy a echar mucho de menos; pero comparto sus puntos de vista. Algo me dice al coraz6n que la ausencia no sera larga. —jOjala acierte, si es para intentar rematar nuestra obra! Born se ausent6, y transcurrid un mes sin que nada anormal turbase la tranquilidad del rancho. Born escribi6 varias veces, no solo a Vera, sino a Texas, anunciandole que trabajaba con ahinco buscando alguna pista de Zenker, pero sin resultado practico, cosa que le tenia desesperado. En la hacienda todos vivian tranquilos, menos Nino. Su mujer se encontraba proxima a darle un heredero, y el mejicano, mas nervioso que el rabo de una lagartija, no hacia nada a derechas y se pasaba el dia renegando y maldiciendo todo lo maldecible, porque le parecia que el fausto suceso se retrasaba siglos. El saberse proximo a tener un heredero que llevase su sangre le volvia demente, y se pasaba el dia haciendo proyectos sobre la educacion que le iba a dar y lo que en el porvenir iba a ser. —Bueno va, jmaldita sea Jalisco! —monologueaba—. Este si que se tiene que destetar con un «Colt», como me llamo Nino Mendoza. Va a manejar un arma mejor que Btfalo Bill y no va a haber nadie en toda California que se atreva a mirarle de través sin jugarse la vida o asi idiotamente. Stella, que se habia brindado a ser la madrina, le cogié un dia a la puerta del rancho para decirle: cConniclooolks C@©