Pulp Fiction, 1940 · page 11 of 103
Aventuras de Jim: Texas—Los Angeles del Averno — page 11: what you’re looking at
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mas dias pasen, y como me considero un iluso que me he dejado llevar demasiado del corazé6n, y no he hecho caso a la cabeza, hora es que corte esta situacion peligrosa. «Pero no he podido sustraerme a la necesidad de declararle mis sentimientos; quiero que sepa por qué la rehttyo y voy a alejarme, para que en la ausencia no piense mal de mi y crea que lo hice influenciado por su vida pasada, que, como le digo, no cuenta para mi. «Y ahora que ha escuchado usted mis sentimientos, me perdonara el atrevimiento y se dara cuenta clara de la situacién violenta por que atravieso. Vera, que le habia estado escuchando con la cabeza baja y un rubor que abrasaba sus mejillas, replic6 con voz velada por la emocion: —Gracias, Born. No sabe usted lo que le agradezco esa declaracién, por, lo que de noble, leal y magnanima encierra. Sus palabras me abren un cielo ante los ojos, porque alivian mi alma y me hacen ver que atin hay una posible y total redenci6n para mi. Jamas crei que esto pudiese producirse, y usted hace que me crea recuperada en la vida y con posibilidades de salir de este pozo de sombras y angustias en el que me sumi por mi misma... Ahora, lealmente quiero decirle una cosa. Usted es un hombre simpatico, atrayente, bueno y noble como pocos. Usted me ha hecho pasar horas felices, tratandome humanamente a pesar de saber lo que sabia. Mi posicién y mi dinero no tienen valor ninguno en el plano sentimental. He aprendido a saber que con el dinero se compran muchas cosas, pero no la felicidad, que es el tesoro mayor. Hoy por hoy, estoy atada a un lazo terrible que no sé cémo ni cuando podra ser roto de una manera natural y decente; pero si asi fuese y un dia recobrase mi libertad y el derecho a disponer de mi vida y de mi corazon, ese dia vuelva por aqui a repetirme todo eso, y yo le aseguro que le escucharé con el alma transida de alegria y sabré contestarle como corresponde. Hoy es cuanto puedo decirle. Born, ebrio de felicidad, se levanté del asiento y, poniéndose de rodillas ante Vera, susurro: —Gracias, Vera; comprendo su alteza de miras y su dignidad contestandome asi. Es lo justo y lo noble, y lo acato como se merece. Si algo me hubiese faltado para comprobar que es usted cConniclooolks C@©